¿Y si tenemos el próximo año tres salarios mínimos?

Se podría, pero de nuevo, habría que cambiar la percepción y los conceptos usados en el debate público y hacer uso de unos menos politizados. En la discusión por establecer un ingreso mínimo a los trabajadores, los sectores empresariales (con notorias excepciones) consideran el salario mínimo como un costo laboral. Cierto es su condición; pero también lo es la insuficiencia habida en llamarlo así. Los sindicatos se refieren a ese umbral más bajo de pago a los trabajadores como la calidad de vida de los empleados y la demanda agregada de la nación. Igual de acertado como inexacto. El salario mínimo es el elemento que define a una sociedad, a más alto es más civilizada, pero a más bajo, es una espiral decreciente hacia el esclavismo.

La ambiciosa propuesta sindical de un aumento del salario mínimo en un 14% es tan necesaria como irreal, para muchos espacios del aparato económico nacional. Y aún así, la salida de la pandemia debe ser recibida con una fuerte demanda que incentive la generación de ventas, creación de empleos, más utilidades y mayor recaudo impositivo. En términos exactos, un incremento en la velocidad del dinero. De ahí se desprende que, siendo una necesidad un crecimiento tal de la capacidad adquisitiva de los trabajadores, se está obligado a hacer el esfuerzo para que una subida del 14% sea impuesta a aquellos sectores en capacidad de asumirla, mientras los que no, mantengan un alza salarial más pequeña.

La necesidad y la pandemia. Foto tomada de El Espectador.

La propuesta es que, para el próximo año en Colombia, producto de la pandemia y de la necesidad de generar una recuperación económica en V real, se implemente en el país tres salarios mínimos: uno pagado por las más grandes empresas y que será superior en un 14% al actual, otro pagado por las medianas que tendrá una subida del 7% en comparación con el de hoy y, un tercero cancelado por las pequeñas organizaciones económicas las que sufrirán de un 2% en el incremento de sus costos laborales.

El objetivo con la medida es triple: darle la carga del incremento de la demanda agregada a los emporios con mayor capacidad adquisitiva. Al incrementar en ese porcentaje el salario mínimo, estarán convirtiendo ahorro empresarial en consumo de la ciudadanía, este último uno con posibilidad de recaer en las pequeñas y medianas empresas, generando un incremento en sus ventas, el mantener su número de empleados y, posiblemente, un incremento en la contratación. El nuevo impulso en la velocidad del dinero alcanzará a los sectores más portentosos, quienes igualmente verán incrementada la demanda de sus bienes y servicios. Por último, la finalidad es que las pequeñas y medianas empresas (donde radica el grueso del empleo nacional) puedan mantenerse, no se vean obligados a despedir empleados y, por el contrario, se abra espacio para nuevas plazas de trabajo, recuperando las masivas pérdidas producto de la pandemia.

Lance Taylor en colaboración con Özlem Ömer escribió un poderoso libro sobre la inequidad (Macroeconomic Inequality From Reagan to Trump), uno más después de tremendas obras realizadas por Thomas Piketty (El capital en el siglo XXI) y Joseph Stiglitz (El precio de la desigualdad) que culpan a la alta concentración del capital como el causante de las desgracias económicas modernas. Para Taylor, la concentración masiva de dinero en el percentil más alto conlleva a una caída en la productividad.

Su análisis es contundente: en los análisis macroeconómicos keynesianos el ahorro es igual a la inversión; pero en un modelo económico con enormes dosis de concentración de la riqueza, el ahorro es solo ahorro. Al haber una demanda agregada insuficiente y unas fuertes estructuras de monopolio rigiendo la economía, las grandes corporaciones no ven la necesidad de efectuar inversiones que incrementen la productividad de la economía. Y sin aumentos de la productividad, es imposible incrementar los salarios, como dice Taylor, la principal causa de la creciente desigualdad en la repartición de riqueza.

Lance Taylor

El acervo teórico en contra de la concentración del capital es, desde la perspectiva de cualquier ser humano, uno infinito. Y el más sustentado demuestra que esa aberración existe en detrimento de toda la economía en su conjunto e, incluso, de la existencia misma de la democracia. Un incremento salarial como el acá propuesto, es realizable, deseable y benéfico para la sociedad en su conjunto. El problema no radica en su viabilidad (¿no tiene Bancolombia, Claro, Drummond para incrementar el sueldo mínimo de sus empleados un 14%?) sino en la oposición política en capacidad de ejecutar sus “afectados”, cuyo poder en la sociedad es inversamente proporcional a la cantidad de gente cobijada por él.

La salida del esclavismo no ha sido nunca un camino sencillo; pero la historia demuestra que es realizable. Y en Colombia el salario mínimo legal vigente es uno que hace de su país uno poco menos capitalista y más esclavista. Esta es una propuesta para salir de esa realidad. Es sabido que las buenas ideas que un momento son herejías, en el futuro se convierten en profecías. Dejémosla entonces escrita y esperemos que ella encuentre su tiempo.

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