¿Y si tenemos el próximo año tres salarios mínimos?

Se podría, pero de nuevo, habría que cambiar la percepción y los conceptos usados en el debate público y hacer uso de unos menos politizados. En la discusión por establecer un ingreso mínimo a los trabajadores, los sectores empresariales (con notorias excepciones) consideran el salario mínimo como un costo laboral. Cierto es su condición; pero también lo es la insuficiencia habida en llamarlo así. Los sindicatos se refieren a ese umbral más bajo de pago a los trabajadores como la calidad de vida de los empleados y la demanda agregada de la nación. Igual de acertado como inexacto. El salario mínimo es el elemento que define a una sociedad, a más alto es más civilizada, pero a más bajo, es una espiral decreciente hacia el esclavismo.

La ambiciosa propuesta sindical de un aumento del salario mínimo en un 14% es tan necesaria como irreal, para muchos espacios del aparato económico nacional. Y aún así, la salida de la pandemia debe ser recibida con una fuerte demanda que incentive la generación de ventas, creación de empleos, más utilidades y mayor recaudo impositivo. En términos exactos, un incremento en la velocidad del dinero. De ahí se desprende que, siendo una necesidad un crecimiento tal de la capacidad adquisitiva de los trabajadores, se está obligado a hacer el esfuerzo para que una subida del 14% sea impuesta a aquellos sectores en capacidad de asumirla, mientras los que no, mantengan un alza salarial más pequeña.

La necesidad y la pandemia. Foto tomada de El Espectador.
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