¿Por qué se gasta en armas durante una pandemia?

Denunciaba el europarlamentario socialista francés Daniel Cohn-Bendit en 2013, en su espacio por excelencia, en el pleno del Parlamento Europeo, la hipocresía de sus colegas con respecto a una Grecia en bancarrota. Su crítica fue demoledora por lo certera: a la par que los poderosos del Viejo Continente exigían al país heleno una considerable reducción en sus gastos para solventar los problemas de deudas y déficit, no escatimaban esfuerzos para convencerlo de adquirir fragatas, aviones y helicópteros franceses por cerca de 3.000 millones de euros, además de submarinos alemanes por 1.000 millones de euros más. Poco más de un lustro después, en pleno 2021, sin haber superado la debacle a la que sucumbió la nación consecuencia de las hipotecas subprime de 2007, con el Sars-Cov-2 arrinconando a su economía hasta empujarla al precipicio, el gobierno griego defiende la adquisición de aviones franceses Rafale por 2.500 millones de dólares. Podría parecer una excepción a la regla, una pésima tradición de los gobernantes a cargo del país mediterráneo; pero el hecho encuentra un exacto reflejo al otro lado del planeta: en Colombia, un país sufriendo una de sus peores crisis económicas en toda su historia republicana, incrementada por las consecuencias de la pandemia de salud global, su gobierno se afana por comprar cuatro aviones F-16 de Lockheed Martin buscando con desespero 4.000 millones de dólares, que no tiene, para adquirirlos. 

En ambos casos se sustentó la controversial transacción con justificaciones calcadas: para los griegos las amenazas de su vecino Turquía eran anuncios de un conflicto inminente y se requería un notorio fortalecimiento de sus fuerzas de seguridad nacional. En la región sudamericana, el gobierno colombiano considera a su vecino, Venezuela, el centro del terrorismo mundial y un villano planeando invadir su territorio en un plazo breve, obligándolo a poseer las nuevas armas. “Son una estrategia de defensa nacional”, postulan desde las altas esferas. Pero la realidad parece ser muy distante: todo indica es un gran negocio, repartiendo jugosas primas de ganancia entre políticos, consultores, analistas y militares, todos con regular presencia en los medios de comunicación más masivos, repitiendo un cacareado discurso de sufrir la peor debacle nacional en caso de no poseer ese equipo. ¿Qué es más fácil de creer? ¿Que los personajes promoviendo las compras son ciudadanos desinteresados incentivando preocupados por el futuro de todos; o que son comisionistas de esa venta esperando una ganancia masiva por su realización?

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¿Por qué estallan crisis económicas en países con altas tasas de crecimiento?

Jack Ma, célebre fundador de Alibaba, durante un encuentro en Davos del Foro Económico Mundial, trazaba con sus palabras el camino a recorrer China en el futuro. Acorde a su creencia, se puede entender el desafío con una metáfora: un país tiene el mismo ciclo de crecimiento que el ser humano: cuando es joven necesita expandirse físicamente, incrementar estatura, complexión, su exterior; pero al llegar la adultez, debe crecer en su interior, intelectual y espiritualmente. A un grupo de resabiados empresarios, académicos y científicos sociales, el afamado emprendedor les explicaba, como si se tratara de unos infantes, una de las discusiones más olvidadas, y aún así más importantes, en la ciencia económica moderna: la diferencia entre crecimiento económico y, desarrollo económico.

Recordar la disyuntiva es de vital importancia, más en un mundo enfrentado a la reconstrucción de su sociedad global, posterior a los sucesos del Covid-19. Es válido el uso de algunas figuras con tal de entender la dicotomía planteada: una propia de esta coyuntura indicaría que el crecimiento económico creó la actual pandemia, mientras el desarrollo económico la hubiera evitado; hay otra, más gráfica, indicando que el crecimiento tiene su índice predilecto en el Producto Interno Bruto; mientras que el desarrollo, aunque oficialmente no ha escogido su insignia más representativa, el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas parece ser su preferida.

Jack Ma
Jack Ma. Foto CNBC
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