La banca privada, ¿una estafa Ponzi legalizada?

Los tumultuosos años sesenta en los Estados Unidos legaron históricos episodios, algunos determinantes en la construcción de una sociedad más avanzada. La mayoría de los sucesos definiendo la agenda de los luchadores por las libertades civiles no necesitan ser recordados. Pero podría ser que, refundido entre los anales de la historia de aquella década, se resguarde la querella más imaginativa en la eterna guerra de la especie humana contra la injusticia, una gloria esperando ser descubierta y deseosa de inspirar a aquellos deprecando por una vida moderna verdaderamente civilizada.

Deseoso de comprar el ideal vendido por su país, Jerome Daly solicita al First National Bank of Montgomery, en la ciudad de Minnesota, en los Estados Unidos, un crédito hipotecario por un monto de 14 mil dólares. Su petición es aceptada y el capital cedido. En el proceso de ejecución del contrato, el prestatario incumple lo pactado en lo referente a las cancelaciones mensuales. Haciendo uso de los derechos en el documento estipulados, el banco decide cobrarse con la casa de su cliente, ansioso de tomar posesión sobre el inmueble. Parecía una historia normal, mil veces repetida y conocida, si no fuera porque Daly, en un giro impresionante de los acontecimientos, interpuso una demanda a su otra parte por incumplimiento de contrato (nada menos) y en el condado de Credit River, “nombre cargado de una bonita ironía” como lo destacaría el economista Alejandro Nadal.

Alejandro Nadal.
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¿Por qué estamos todos tan endeudados?

En la historia es donde se descubren las explicaciones a las grandes dudas. El contexto enmarcando los acontecimientos permite comprender en su amplitud lo estudiado. Considerar a ella la madre de las ciencias sociales parece acertado. Y algo tan aberrante como las estresantes tasas de endeudamiento de la población obliga a investigar la tendencia, sobrepasando los patrones de consumo de los individuos. Para los científicos sociales, lo único relevante de estudio es el promedio, las tendencias generales, los patrones de comportamiento comunes. Con una gran mayoría de la población endeudada, se deduce la existencia de elementos macro capaces de explicar su porqué. Las respuestas encontradas en el comportamiento micro deben ser insuficientes. Palabras más sencillas pueden usarse: no es culpa, en términos generales, de cada individuo su aberrante situación crediticia y, sí, por oposición, se debe indagar las respuestas en el modelo de sociedad.

En los años siguientes a 1945, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) divisaba el mundo desde una cima. El nulo impacto recibido por la Gran Depresión, su rebosante crecimiento económico y su triunfo militar frente a las fuerzas del nazismo, la elevaban entre las diferentes naciones como una valiosa y envidiable. La Conferencia de Postdam, a efectuarse entre los representantes de Estados Unidos, Inglaterra y la propia U.R.S.S., definiendo qué hacer con la rendición de Alemania, escenificaba su posición de preponderancia en el concierto mundial. El impacto geopolítico y económico de su influencia no era diminuto: las sociedades occidentales temían la expansión de los valores comunistas al interior de su propio territorio, un temor justificado y a hacerse realidad pues, como explicaba Eric Hobsbawm en su monumental «Historia del Siglo XX», el comunismo abarcó un tercio de la población humana.

Iósif Stalin, Franklin Delano Roosevelt y Winston Churchill
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