¿Los fanáticos unidos jamás serán vencidos?

Las palabras de Yanis Varoufakis son tan relevantes para analizar el mundo actual como unas señales indicativas en medio de un laberinto indescifrable. Las plasmadas en su columna para Project Syndicate, “El fútbol lleva al capitalismo fuera de la cancha“, enfrentan al lector con el patetismo en extremo alcanzado por la sociedad moderna. En su artículo sobresale un párrafo de exquisita calidad, una pieza de análisis nacido en un momento de inspiración máxima, una cima intelectual de posible conquista solo por aquellos dotados con inteligencia y conocimiento. Según el ex ministro de finanzas griego…

Agachamos la cabeza ante banqueros que casi hicieron estallar el capitalismo, rescatándolos a costa de los ciudadanos más débiles. Hicimos la vista gorda a la evasión al por mayor de impuestos corporativos y las ventas de ocasión de los activos públicos. Aceptamos como natural el empobrecimiento de los sistemas de salud y educación públicos, el desaliento de los trabajadores ante contratos de cero horas, los comedores populares, los desalojos y los abismales niveles de desigualdad. Miramos impasibles el secuestro de nuestras democracias y la eliminación de nuestra privacidad por parte de las Grandes Tecnológicas. Todo esto lo pudimos soportar. ¿Pero un plan que acabará con el fútbol tal como lo conocemos? Jamás.

Yace ahí, en pocas líneas, la descripción más cruda de una época por poco incomprensible. Los hechos hacen tentador el darle la razón a Borges en su concepto sobre el fútbol, la sociedad y la estupidez. Porque la fuerza de lo escrito por el economista invita a la reflexión y el ejercicio contemplativo despierta una duda posterior: ¿En qué se ha convertido este mero entretenimiento? ¿Dejó de ser un deporte para mutar en algo más?

Yanis Varoufakis
Sigue leyendo

¿Por qué son tan ricos los bancos en Colombia?

Las redes se incendiaron en Colombia. Los pantallazos se apoderaron de twitter. El gobierno nacional se jactaba de su programa “Ingreso Solidario“, una transferencia bancaria de 160.000 pesos hacia los ciudadanos con mayores necesidades con tal y ayudarlos en el momento de pandemia mundial. La indignación estalló al percatarse varios internautas que los depósitos iban a cuentas con nombres claramente falsos y números de cédulas ridículos.

En debate televisado entre el senador Ciro Alejandro Ramírez, del partido oficialista, y Gustavo Bolívar, de la oposición, se desató una guerra verbal al primero cuestionar las acusaciones del segundo. Según Ramírez, lo único habido en el escándalo fue un error en la programación que dificultó la entrega de la ayuda ofrecida. Su prueba fehaciente era la siguiente pregunta: ¿Cómo alguien va a ir a sacar ese dinero de los bancos? Desde su lógica, dado la inexistencia de las cédulas, se imposibilitaba cualquier retiro, ergo, la inexistencia de corrupción. Pero claro, la pregunta válida es: ¿Dónde está ese dinero ahora? Porque de permanecer donde se consignaron, es esa la estafa: una nueva distribución del ingreso de los colombianos hacía sus bancos a través del gobierno.

Logo Bancolombia
Logo Bancolombia
Sigue leyendo

¿Y si tenemos el próximo año tres salarios mínimos?

Se podría, pero de nuevo, habría que cambiar la percepción y los conceptos usados en el debate público y hacer uso de unos menos politizados. En la discusión por establecer un ingreso mínimo a los trabajadores, los sectores empresariales (con notorias excepciones) consideran el salario mínimo como un costo laboral. Cierto es su condición; pero también lo es la insuficiencia habida en llamarlo así. Los sindicatos se refieren a ese umbral más bajo de pago a los trabajadores como la calidad de vida de los empleados y la demanda agregada de la nación. Igual de acertado como inexacto. El salario mínimo es el elemento que define a una sociedad, a más alto es más civilizada, pero a más bajo, es una espiral decreciente hacia el esclavismo.

La ambiciosa propuesta sindical de un aumento del salario mínimo en un 14% es tan necesaria como irreal, para muchos espacios del aparato económico nacional. Y aún así, la salida de la pandemia debe ser recibida con una fuerte demanda que incentive la generación de ventas, creación de empleos, más utilidades y mayor recaudo impositivo. En términos exactos, un incremento en la velocidad del dinero. De ahí se desprende que, siendo una necesidad un crecimiento tal de la capacidad adquisitiva de los trabajadores, se está obligado a hacer el esfuerzo para que una subida del 14% sea impuesta a aquellos sectores en capacidad de asumirla, mientras los que no, mantengan un alza salarial más pequeña.

La necesidad y la pandemia. Foto tomada de El Espectador.
Sigue leyendo