¿Por qué son tan ricos los bancos en Colombia?

Las redes se incendiaron en Colombia. Los pantallazos se apoderaron de twitter. El gobierno nacional se jactaba de su programa “Ingreso Solidario“, una transferencia bancaria de 160.000 pesos hacia los ciudadanos con mayores necesidades con tal y ayudarlos en el momento de pandemia mundial. La indignación estalló al percatarse varios internautas que los depósitos iban a cuentas con nombres claramente falsos y números de cédulas ridículos.

En debate televisado entre el senador Ciro Alejandro Ramírez, del partido oficialista, y Gustavo Bolívar, de la oposición, se desató una guerra verbal al primero cuestionar las acusaciones del segundo. Según Ramírez, lo único habido en el escándalo fue un error en la programación que dificultó la entrega de la ayuda ofrecida. Su prueba fehaciente era la siguiente pregunta: ¿Cómo alguien va a ir a sacar ese dinero de los bancos? Desde su lógica, dado la inexistencia de las cédulas, se imposibilitaba cualquier retiro, ergo, la inexistencia de corrupción. Pero claro, la pregunta válida es: ¿Dónde está ese dinero ahora? Porque de permanecer donde se consignaron, es esa la estafa: una nueva distribución del ingreso de los colombianos hacía sus bancos a través del gobierno.

Logo Bancolombia
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Se alzaron voces desde diferentes sectores de oposición, incluido la del excandidato presidencial por la Colombia Humana, Gustavo Petro, y del ex candidato a la alcaldía de la principal ciudad de Colombia, Hollman Morris, todas comentando al unísono el absurdo contrato firmado entre la alcaldía mayor de Bogotá y el banco Davivienda, uno en el que el ente público terminaba pagándole a su contraparte por conseguir para él nuevos clientes. El funcionamiento era que el Distrito depositaba un auxilio a los ciudadanos al resguardo del ente bancario y, para aquellos no miembros de la entidad, asumió el sector público un sobrecosto por la apertura de una cuenta. El descomunal absurdo llamó la atención de una ciudadanía atenta, al ser la lógica regular en los negocios una opuesta: el ingreso debería producirse a la inversa. Tal y como está diseñada la asociación, los capitalinos están todos trabajando de gratis para uno de los bancos más grandes del país, al sufragar la consecución de nuevos cuentahabientes.

Los pensamientos tienden a pasearse por oscuros callejones cuando los hechos se concatenan y dirigen hacia una conclusión sospechosa: para su campaña Claudia López obtuvo un crédito con Davivienda por 800 millones de pesos e Iván Duque se endeudó en hasta cerca de 15.000 millones de pesos con el Grupo Aval. ¿Son ambas actuaciones, tan en contravía del interés público (ese que juraron resguardar) un desembolso por tales acreencias? ¿De qué otra forma se pueden cancelar tales cantidades de dinero, trabajando en la política? Acusación peligrosa y aterradora; indudablemente. Pero, ¿sería la primera vez? En 1998, en plena crisis financiera mundial, con América Latina recibiendo los coletazo de la debacle en el Sudeste Asiático, el gobierno nacional en cabeza de Andrés Pastrana creó uno de los más infames impuestos, en un país donde la mezquindad es lo normal a la hora de diseñar tributos: el añorado 2 por 1000 (añorado porque hoy es 4 por mil) como medio de rescate al sistema bancario nacional. El ex-presidente siempre ha defendido su accionar con una línea de pensamiento: evitamos una crisis como la de Argentina. Sí, es cierto; el problema es que en el día a día se sigue siendo Colombia.

Davivienda
Logo Davivienda

Jorge Enrique Robledo, en uno de sus más certeros debates, lamentable el que sea uno tan poco conocido, denunció la aberrante movida del ministro Mauricio Cárdenas con la emisión del Decreto 1385, con el que se legalizaron los autopréstamos en el Grupo Aval. No solo es una normativa con fuerza de ley contraria a todos los principios de regulación bancaria nacional e internacional (las debacles del grupo Grancolombiano y de Interbolsa fueron por autopréstamos, por ejemplo) sino en oposición a todos los principios del derecho al ser una legislación hecha a la medida de un grupo económico en particular. La norma jurídica permite a los fondos de pensiones invertir en los negocios de su controlador y solo a través de Asociaciones Público-Privadas (app). Como bien explicaba el senador: solo existe esa figura en el fondo Porvenir y para las vías 4G de Juan Manuel Santos, (lo que en parte puede explicar por qué adquirió El Tiempo el señor Sarmiento Angulo a un precio más caro que el que pagó Jeff Bezos por The Washington Post).

Se encuentra en el periódico Portafolio la siguiente anécdota: “Raúl ha trabajado cinco años en la misma empresa como director de marketing y publicidad. En los últimos días el gerente de la compañía citó a todos los empleados para darles una información relevante frente al pago de su salario. En ella, el gerente informó que todos los empleados deberían abrir una cuenta en una entidad que, previamente, había elegido la empresa”. En Colombia, todo asalariado debe poseer una cuenta bancaria a la cual se le deposite su sueldo mensual. Un salario mínimo nacional son 20 billetes de 50.000 pesos; y, aún así, un trabajador debe recibir tal cantidad en una entidad bancaria, viendo disminuido su ya pequeño ingreso al asumir la inmisericordiosa lista de cobros emitidos por las entidades financieras.

Logo Grupo Aval.

A nadie debería extrañar encontrarse con titulares comentando los desaforados crecimientos trimestrales o anuales del sistema financiero nacional. Si todo colombiano estuviera obligado a leer este blog y, además, a pagar por su uso, el autor de estas líneas también sería millonario. Incluso más y peor: en plena pandemia, un medio de comunicación nacional especializado en temas financieros, Valora Analitik, comentaba que “el holding financiero colombiano Grupo Aval informó que Leasing Bogotá S.A. Panamá, filial del Banco de Bogotá, suscribió el contrato modificado de compraventa de hasta el 100 % del capital social de Multi Financial Group, Inc., matriz del banco panameño Multibank”.

¿De dónde sale el capital? ¿Cómo es posible que, en plena pandemia, pueda un banco colombiano adquirir un grupo financiero centroamericano? Con una actividad económica destruida, ¿cómo pueden los bancos expandir su operación? ¿En eso terminó el dinero de Ingreso Solidario embolatado con cédulas falsas? Esta pregunta es una acusación sin sustento, por supuesto; pero es evidente que la banca nacional es poderosa y multimillonaria porque el pueblo colombiano es saqueado por ella en complacencia con el gobierno. No parece errado o un mal negocio: financiar candidatos para una vez sean gobernantes se emitan leyes que los enriquezcan más. Además de hacer negocios a través del poder político y abusar de su posición, cobran tasas descomunales y ridículas por su uso sin ningún tipo de regulación: revisar la cuenta, consignar en una cuenta, transferir de una cuenta a otra, tarjetas de crédito costosisimas, créditos convertidos en deudas eternas, obligación de dejar 10.000 pesos en la cuenta de ahorros (aunque esta última ya no es existente, en un momento le garantizó a los bancos billones de pesos gratis para trabajar con ellos). En Colombia se trabaja para los bancos.

Iván Marulanda. Foto El Tiempo.

Pero ningún dato, cifra o estudio puede superar en su explicación los dolores causados por el drama humano. Queda guardado en la memoria el ver un desahucio y en la época en la que en el país se permitió una barbaridad conocida como el U.P.A.C. (un I.C.E.T.E.X. pero no para estudios sino para adquirir vivienda), eran demasiado frecuentes estos atropellos. Los noticieros, algunas veces, pocas pero algunas veces hacían reportajes sobre la llegada de la policía (¿por qué los bancos privados usan la fuerza pública para sus actividades?) para desalojar a sus propietarios. En uno de esos reportajes, una periodista sagaz le ofreció el micrófono a una de las víctimas para escuchar su opinión sobre los hechos. Daría ella mucho más que eso. Sus palabras deberían ser talladas en mármol y puestas en el lugar más público del país. Para la mujer era inexplicable su situación. “¿Por qué si nosotros tomamos 50 millones de pesos en préstamo para esta casa -refutó la joven en su uso de la palabra delante de su viejo hogar-, y hemos pagado 90, para el banco no es eso suficiente y nos la está quitando, pero no tiene ningún problema en entregarle la casa a alguien que pagó por ella 30 millones?” Recapitular: el banco prestó 50 millones, tomó 90 de su acreedor y, cuando éste quebró, lo expulsó de su hogar haciendo uso de la fuerza pública (de gratis, en otras palabras) y se la vendió a un tercero por 30 millones. La Camorra, la Yakuza y la Bratva tienen demasiado por aprenderle a la banca colombiana. La pregunta de la dama sigue sin respuesta.

Colombia, como sucede en muchas latitudes del mundo, se ha venido transformando en una bancocracia. Y un régimen así bautizado solo encuentra una salida: el derrocamiento. Iván Marulanda y el Partido Verde en pleno impidieron, con su votación negativa, la eliminación de varios costos (sobrecostos, realmente) que los nacionales se han venido acostumbrando a pagar a los banqueros nacionales sin rechistar. Sus excusas para no actuar en contra de sus financiadores fueron lamentables. El ridículo nacional le contrajo su recompensa con sus jefes, por supuesto: hoy es ese señor candidato presidencial con apoyo monetario del Grupo Empresarial Antioqueño, esperando interpretar el papel que en el pasado hizo Sergio Fajardo. ¿Por qué son tan ricos los bancos en Colombia? Porque a la presidencia llegan personajes como el señor Iván Marulanda.

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