Energía renovable, ¿nueva geopolítica del caos?

Las promesas de un mundo mejor, la ilusión por ver renacer una nueva era y las esperanzas de un futuro prometedor, se chocan en un fatídico accidente al ser contrastadas con la duras enseñanzas que deja el pasado. Un próspero y pacífico porvenir energético sustentado en una producción limpia y no contaminante, será otro sueño roto si la fuerza impulsora detrás de esa transformación no transmuta de la que hoy impulsa el sistema reinante y sustentado en combustibles fósiles: el beneficio empresarial. No deja de ser un hecho inobjetable la máxima de David Harvey: «no existe una idea buena y moral que el capital no pueda apropiarse y convertir en algo horrendo». La transformación de la matriz energética puede que compruebe la real crudeza de tan trágica sentencia.

La energía es la sangre del capitalismo moderno. Y a él, la procedencia de ella no le ha despertado nunca conciencia alguna. Mientras esta permita la movilidad del sistema capitalista y la interconexión de sus partes más distantes; las tragedias causadas por su inmoral obtención o los desastres a desatar por su consumación, son unas desgracias a no tener en consideración. Las guerras del petróleo y su regular conflictividad, con sus indeseadas consecuencias, son muy conocidas hasta por el más apático de los ciudadanos. Su hermano menor, el gas natural, el eslabón más relevante en la transición hacia la consolidación de una matriz energética amigable con el ambiente, ha demostrado su capacidad para despertar la insaciable sed de beneficios lucrativos infinitos. Lo más desesperanzador es que las energías no contaminantes hayan comenzado a crear los nuevos puntos de conflicto en los que se batallará como consecuencia de su emplazamiento.

Sigue leyendo

¿Planea Elon Musk la gran estafa con el Bitcoin?

Tesla y Elon Musk son más que admirados globalmente. Las esperanzas en ellos puestas son de muy amplío rango e incluyen sentimientos más allá de los comerciales: transformar el capitalismo, salvar el planeta, habitar otros mundos. Y, sin embargo, existe la posibilidad de que el señor Musk no sea nada diferente al último gran estafador del planeta. Otro avivado entendiendo a cabalidad cómo funciona el capitalismo moderno, especulativo y financiero, poblado de inversores en la gran mayoría de veces, insulsos. Es, de entrada, una descripción injusta y con poco sustento, pero una que parece debe hacerse: no aprender de la historia y de los errores del pasado es, y parecer ser será, el gran error del ser humano.

Titula la BBC de Londres con enorme precisión: «De Uber a Tesla, las empresas que valen miles de millones de dólares y registran pérdidas astronómicas». La fecha de la publicación es de octubre de 2019. A principios de 2021, momento de escritura de este texto, nada ha cambiado en la compañía del sudafricano. Y el contexto no es favorable: «una encuesta realizada por el profesor de la Universidad de Florida, Jay Ritter -comenta el portal inglés-, arrojó que el 81% de las 134 ofertas públicas de acciones de empresas en Estados Unidos en 2018, fue de firmas que registraron pérdidas en los 12 meses anteriores a su debut bursátil». La comparación histórica crea una promesa aterradora: «Revisando la historia reciente, algo parecido ocurrió a principios de la década de 2000, época en que estalló la llamada burbuja puntocom, cuando las firmas tecnológicas se fueron al traste».

Estatua Elon Musk. Foto de Noti
Sigue leyendo