¿Hay larga vida para el Bitcoin?

Se abre así una inmensa, aunque lejana ventana de oportunidad para el Bitcoin. Una histórica y sin precedentes, capaz de convertir el activo en un actor de primera línea en el comercio internacional.

Nayib Bukele, el mediático y carismático presidente de El Salvador, sin temor alguno visible dobló su apuesta: “un incremento masivo en el precio del Bitcoin es cuestión de tiempo”. Su especulación fue compartida con el público a través de su cuenta personal de Twitter y como respuesta a la recomendación del Fondo Monetario Internacional (FMI) para que prosiguiera a abandonar de inmediato la criptomoneda como medio de curso legal y forzoso en su territorio.

La contundente y desafiante respuesta es inaudita dentro del marco del sistema financiero internacional. Las recomendaciones del fondo han sido siempre tratadas como imposiciones por los gobiernos a quienes dirigen sus consejos. Y, aunque históricamente las medidas obligadas a tomar por los gobernantes funcionan como un reloj suizo: siempre terminan en un desastre, puede que en esta oportunidad sí los posea la razón.

Foto de The New York Times

La inestabilidad del Bitcoin es ya una característica inherente y definitoria del activo. Jugar su juego no es algo apto para corazones débiles. La riqueza de una nación, el uso de recursos públicos en un activo digital tan volátil, no parece una medida prudente. El problema, para los técnicos del grupo público supranacional, es que la inestabilidad de la criptomoneda podría generar una riqueza monetaria masiva a los salvadoreños, de hecho, a todos los poseedores de la innovadora divisa.

Si el camino a andar por el Bitcoin se fundamenta en los mismos cimientos con los que se construyeron el primer trecho de su carretera, el resto de la vía a recorrer se pierde en medio de la oscuridad. Porque el nacimiento y exponencial crecimiento de la moneda virtual se dio en un escenario mundial que parece ir encontrando su fin: la flexibilización cuantitativa en Estados Unidos y Europa. La cantidad de dinero emitido por ambos territorios en los últimos tres lustros fue descomunal y, gran parte de esa monumental riqueza fue resguardada en la nueva creación tecnológica.

Como depositario de valor el Bitcoin vio crecer su precio de una forma sin parangón: en 2017 su costo unitario se ubicaba por debajo de los 1.000 USD, pero para 2021 ya superaba los 60.000 USD. Tal salto explica porque nunca antes, ningún otro activo, en ninguna parte de la humanidad, ha producido tantos millonarios tan velozmente. Al momento de escribir estas líneas, poseer una de las criptomonedas significa desembolsar 37.000 USD. En mucho tiene razón el FMI cuando advierte a Bukele de que la inestabilidad de esta nueva moneda, representada en los precios anteriores, son una jugada demasiado valiente en caso de que el apostador sea un privado; pero una movida demasiado riesgosa cuando se trata de la riqueza de toda una sociedad.   

Bloomberg previó la crisis. “Bitcoin, que ascendió en enero pasado como una alternativa de capital para algunos, ha tenido su peor comienzo anual desde que comenzaron las criptomonedas. Y Goldman Sachs ahora piensa que la Reserva Federal subirá las tasas de interés cuatro veces este año”. Los ataques al volátil crecimiento de la criptomoneda por parte de poderosos gobiernos, como Rusia y China, pocos daños hicieron a su cotización en el largo plazo. Pero queda cada vez más claro que, las subidas en los tipos de interés podrían llevar al mercado a sufrir un bajón estructural. El costo cero del dinero permitía apuestas especulativas de alto valor, y una de las favoritas fue el activo electrónico. El dinero barato, todo indica así será, escaseará pronto y solo queda esperar si tal insuficiencia desata el fenómeno bautizado como “invierno Bitcoin”: una larga época de precios bajos de la criptodivisa

Aun así, las cifras bajas no minorizan los ánimos de los más grandes promotores. Y puede ser que el mundo terminé concediéndoles la razón. En este momento, un evento de la máxima relevancia en la geopolítica mundial está en pleno y efervescente desarrollo, y su conclusión puede derivar en una subida sin precedentes en el precio del famoso activo. Estados Unidos acaba de amenazar a Rusia con vetarla del sistema de pagos bancarios internacional conocido como SWIFT, Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication, en respuesta a sus actuaciones en la frontera con Ucrania. De efectuarse tal bravuconería, el comercio internacional ruso se vería gravemente afectado, pues sus clientes encontrarían muchas dificultades a la hora de cancelar sus pedidos.

Es claro que, en ningún plan a futuro se proyecta una Europa sin estar dotada de gas siberiano. El comercio de la materia prima es una prioridad para ambos Estados: la falta de esta pondría en riesgo a las economías occidentales y la disminución en las ventas empobrecería en extremo al más grande pueblo eslavo. Si la imposición sobre el SWIFT a Rusia se materializara, más que detener el comercio entre ambas organizaciones políticas, nuevos mecanismos de asociación, unos inalcanzables a la presión de los Estados Unidos, se estructurarían entre ellos. Y existen dos astutas opciones para establecer el entramado. La primera, el uso de un sistema de pagos bancarios internacional distinto, siendo los dos más sofisticados y posibilitados el creado por China (CIPS, siglas de Cross-Border Interbank Payment System) o el ruso (SFPS, siglas de System for Transfer of Financial Messages). Las ventajas del cambio son contundentes, pero son sus costos los que alejan a esta opción de verla hecha una realidad: el uso de cualquiera por parte de un país de la Unión Europea significaría abrir la posibilidad de tensionar las relaciones con el gran aliado transatlántico del Viejo Continente, los Estados Unidos. No solo por contravenir directamente sus sanciones, sino por acrecentar el tamaño de un sistema de pagos ajeno a su control.   

Se abre así una inmensa, aunque lejana ventana de oportunidad para el Bitcoin. Una histórica y sin precedentes, capaz de convertir el activo en un actor de primera línea en el comercio internacional. Venezuela e Irán son dos ejemplos de cómo la criptomoneda es una perfecta herramienta para mantener unas ventas internacionales de gran tamaño después de haber sido sancionados por la potencia más grande del planeta. Rusia y sus mercados del gas, urgidos por la compraventa el producto, podrían disfrutar del anonimato ofrecido por esta nueva tecnología para seguir supliendo sus necesidades. Pero el uso del activo digital en un negocio de un espectacular tamaño como lo es la venta del gas de Rusia a Europa, es uno sin precedentes en la corta vida de la divisa digital. El impacto en la demanda de la criptomoneda sería impensable para las realidades de hoy, elevando su precio a niveles inimaginables hasta la actualidad.

Puede que las amenazas de los Estados Unidos queden en nada, que las tasas de interés sí suban y el gran flujo de capital hacia el Bitcoin desaparezca, o puede que, el escenario previsto más arriba sea el que eventualmente termine desenvolviéndose. Es la realidad del Bitcoin: su volatilidad es máxima; su incertidumbre, total; y su futuro siempre será incierto. Con un problema adicional: sin importar lo promulgado por sus mayores defensores, este activo no ha perdido su condición de mero especulativo. Sus poseedores, en un altísimo porcentaje, solo han adquirido unidades de él para venderlas en un futuro y a un precio mayor al de su compra. Son una ínfima minoría quienes ven en el Bitcoin el medio para instaurar en la economía global un nuevo patrón oro. Así, puede que emerja una nueva ola de multimillonarios muy pronto, muchos de ellos salvadoreños, o que simplemente el Bitcoin quede como una nota a pie de página en la historia económica.

Se abre así una inmensa, aunque lejana ventana de oportunidad para el Bitcoin. Una histórica y sin precedentes, capaz de convertir el activo en un actor de primera línea en el comercio internacional.

Autor: Andrés Arellano Báez.

Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

Un comentario en “¿Hay larga vida para el Bitcoin?”

  1. Me parece excelente y acertado el artículo. El tema que hubiera sido complementario creo que será la regulación, no solo en Colombia, sino en el resto de países que están modificando las leyes para regular las criptodivisas… eso quiere decir el fin de la rentabilidad de las mismas.
    [6/2 09:28] Felipe Perez Fantti ⚓: Se está promulgado no sólo la regulación, que es un tema muy complicado por la globalización de la moneda…. el tema álgido es la tribulación de las ganancias derivadas por criptomonedas…. no será rentable ya la inversión…. como todo en el mundo de las criptomonedas: especulativo y sorpresivo!!

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