Energía renovable, ¿nueva geopolítica del caos?

Las promesas de un mundo mejor, la ilusión por ver renacer una nueva era y las esperanzas de un futuro prometedor, se chocan en un fatídico accidente al ser contrastadas con la duras enseñanzas que deja el pasado. Un próspero y pacífico porvenir energético sustentado en una producción limpia y no contaminante, será otro sueño roto si la fuerza impulsora detrás de esa transformación no transmuta de la que hoy impulsa el sistema reinante y sustentado en combustibles fósiles: el beneficio empresarial. No deja de ser un hecho inobjetable la máxima de David Harvey: «no existe una idea buena y moral que el capital no pueda apropiarse y convertir en algo horrendo». La transformación de la matriz energética puede que compruebe la real crudeza de tan trágica sentencia.

La energía es la sangre del capitalismo moderno. Y a él, la procedencia de ella no le ha despertado nunca conciencia alguna. Mientras esta permita la movilidad del sistema capitalista y la interconexión de sus partes más distantes; las tragedias causadas por su inmoral obtención o los desastres a desatar por su consumación, son unas desgracias a no tener en consideración. Las guerras del petróleo y su regular conflictividad, con sus indeseadas consecuencias, son muy conocidas hasta por el más apático de los ciudadanos. Su hermano menor, el gas natural, el eslabón más relevante en la transición hacia la consolidación de una matriz energética amigable con el ambiente, ha demostrado su capacidad para despertar la insaciable sed de beneficios lucrativos infinitos. Lo más desesperanzador es que las energías no contaminantes hayan comenzado a crear los nuevos puntos de conflicto en los que se batallará como consecuencia de su emplazamiento.

Sigue leyendo

¿Qué esconde la Guerra Contra las Drogas?

Hay cifras que, en su crudeza, alcanzan a explicar una época entera. En 1998 la ONU declaró su intención de alcanzar «un mundo libre de drogas»; y, una década después, el consumo de cocaína, heroína y mariguana se superaba a sí mismo en un 50% a nivel global. El tamaño del fracaso se hace uno de tipo incomprensible cuando se adiciona que durante ese mismo periodo se ha efectuado una inversión de cerca de un billón de dólares anuales a nivel global enfocados en tener el mundo ideado por la organización que aglomera a los Estados del planeta.

Las cifras expuestas son tomadas del excelente trabajo de investigación de Tom Wainwright, plasmado con claridad en un libro con título en español «Narconomics. Cómo administrar un cártel de drogas». El subtítulo es uno absolutamente amarillista, al no ser la intención de las páginas escritas convertirse en un manual a seguir por alguien interesado en fundar el próximo gran grupo traficante de drogas ilegales. Es, por el contrario, la verdadera meta deseada explicar cómo es que los principales carteles de droga del mundo han logrado convertirse en perfectas empresas multinacionales aplicando medidas paralelas a las usadas por los grandes emporios económicos de nuestro tiempo, sean Walmart, Disney, Coca Cola…

Penguin Books Australia Tom Wainwright - Penguin Books Australia
Penguin Books Australia Tom Wainwright – Penguin Books Austral

El contexto recuerda a la valiente periodista mexicana Anabel Hernández, quien sacudió el público de su país con el lanzamiento de su escrito «El Traidor», en el que reveló el diario personal de Vicentillo, uno de los grandes capos de la droga en todo el planeta. En una de las entrevistas de promoción de su obra, Hernández recordó cómo, ella, desde siempre, se rehusó a creer que Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, el «Chapo», fuera el jefe más importante de uno de los cárteles más poderosos de uno de los negocios más grandes de todo el mundo. En pocas palabras, veía en él a alguien sin las suficientes capacidades para administrar todos los retos contraídos por un emporio, como lo es cualquier organización traficante de cocaína y mariguana de México.

Sigue leyendo