¿Quién le teme a las “noticias falsas”?

“El hombre que no lee es una persona más educada que la persona que no lee nada más que los periódicos”. Fueron las manos de Thomas Jefferson, flamante padre fundador de la democracia en los Estados Unidos, las encargadas de unir tal conjunto de palabras a ser inmortalizadas en tan fascinante frase. Y radica ahí una sabiduría subrepticia, capaz de destruir en un santiamén el mito de sufrir en exclusiva en esta era de fenómenos atemorizantes como la posverdad y las fake news. La idea de habitar en un nuevo y oscuro periodo de la evolución humana en el que se esparcen noticias alejadas de la realidad, al que se ve abocada la especie producto del esparcimiento a todos los rincones del globo de Internet, es, tragicómicamente, tal vez, el mito y la mentira más grandes de estos días.

Las noticias falsas son tan antiguas como las noticias mismas. “La libertad de la imprenta es la libertad del dueño de la imprenta”, aleccionaba con exactitud el ex presidente Rafael Correa. “La opinión pública es la opinión de los dueños de los medios de comunicación”, ilustraba Ignacio Ramonet, experto en la materia, durante una de sus poderosas conferencias sobre el tópico. Jonathan Albright, Director de Investigación del Tow Center for Digital Journalism de la Universidad de Columbia, define este tipo de información como «Un contenido que puede ser viral y que muchas veces está sacado de contexto. Está relacionado con la desinformación y la propaganda, y se asemeja a un engaño intencional». Obedeciendo a ese concepto, se acierta el calificar los mitos de la colonización de América por parte de los europeos como una poderosa operación de noticias falsas para justificar el saqueo y legitimar la barbarie, la explotación del nuevo mundo por parte de la llamada civilización.

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¿Por qué estallan crisis económicas en países con altas tasas de crecimiento?

Jack Ma, célebre fundador de Alibaba, durante un encuentro en Davos del Foro Económico Mundial, trazaba con sus palabras el camino a recorrer China en el futuro. Acorde a su creencia, se puede entender el desafío con una metáfora: un país tiene el mismo ciclo de crecimiento que el ser humano: cuando es joven necesita expandirse físicamente, incrementar estatura, complexión, su exterior; pero al llegar la adultez, debe crecer en su interior, intelectual y espiritualmente. A un grupo de resabiados empresarios, académicos y científicos sociales, el afamado emprendedor les explicaba, como si se tratara de unos infantes, una de las discusiones más olvidadas, y aún así más importantes, en la ciencia económica moderna: la diferencia entre crecimiento económico y, desarrollo económico.

Recordar la disyuntiva es de vital importancia, más en un mundo enfrentado a la reconstrucción de su sociedad global, posterior a los sucesos del Covid-19. Es válido el uso de algunas figuras con tal de entender la dicotomía planteada: una propia de esta coyuntura indicaría que el crecimiento económico creó la actual pandemia, mientras el desarrollo económico la hubiera evitado; hay otra, más gráfica, indicando que el crecimiento tiene su índice predilecto en el Producto Interno Bruto; mientras que el desarrollo, aunque oficialmente no ha escogido su insignia más representativa, el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas parece ser su preferida.

Jack Ma
Jack Ma. Foto CNBC
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