¿Por qué CNN emboscó a Álvaro Uribe Vélez?

El uso de la palabra pronunciada por el ex presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, durante su entrevista con Fernando del Rincón para CNN en Español, denunciando no haber sido invitado a dialogar y sí emboscado para interrogar, parece fue uno muy preciso. El tono de indagatoria y la actitud de investigador inquisitivo utilizados por el periodista (más presentador) de la famosa cadena estadounidense, tomó desprevenido al antiguo primer mandatario quien, sustentado en hechos pasados, esperaba una amena charla con un aliado de las causas de políticos situados a la derecha del espectro ideológico en América Latina. En breve, un profesional con cuestionarios poco fiscalizadores con los otros empleados de sus jefes.

Fue hace poco que el mismo del Rincón tuvo en su set al heredero más fiel del líder del Centro Democrático. En su entrevista de 2020, y en una anterior en 2018, la camarería y buen ambiente fue la constante durante el intercambio de palabras con Iván Duque. Tal mesura en su interpelación no fue producto de falta de temas candentes, complicados o controversiales: las elecciones ganadas con fotocopias o los asesinatos a líderes sociales, por ejemplo, habrían sido un par de tópicos cuya aparición arruinaría dos conversaciones desenvueltas con toda cordialidad y calma. Pero es que tal calidez y armonía era producto de que en aquellos momentos los vientos no volaban en direcciones encontradas. En otras palabras, en aquellos tiempos el uribismo no había traicionado a los dueños de la CNN.

Fernando del Rincón. Foto de Enrique Menacho.

La Declaración de Windohoek, escrita en 1991 en Namibia, aspiraba a dictaminar unos principios regidores sobre el oficio de informar. La Organización de Naciones Unidas celebró su existencia declarando el día internacional del periodista en su honor. Se instituye en ella que la prensa libre es una sobre la cual “los poderes públicos no ejerzan ni dominio político o económico, ni control sobre los materiales y la infraestructura necesarios para la producción y difusión de diarios, revistas y otras publicaciones periódicas”. A 30 años de su escritura, las palabras en el documento plasmados son relevantes pero incompletas, tal vez un poco inocentes, porque quien ejerce poder, presión y control sobre los medios informativos actuales no son los poderes políticos y sí los económicos, los conglomerados privados, siendo el dominio por ellos efectuado uno tan o más dañino que el estatal.

Los medios dependientes de recursos de terceros para subsistir, sean públicos o privados, firman un pacto con el diablo y venden al postor su alma: su libertad para denunciar. Sea trasmutando hasta metamorfosearse en una rama del poder estatal o una división de los grandes conglomerados corporativos, su destino se limita a dedicarse a labores de una oficina de propaganda o relaciones públicas, correspondientemente. “La libertad de los medios es la libertad que le den los anunciantes”, sentencia un brillante Martin Vanger (interpretado por Stellan Skarsgård), a dos dueños de un grupo informativo independiente en la ficción “The Girl with the Dragon Tatoo”. Ya en la realidad, Noam Chomsky redactó un tratado sobre el tema titulado “Los guardianes de la libertad”, donde exhibió, visionariamente, lo confesado años después por Patrick Le Lay acerca del verdadero quehacer de los medios corporativos: “La función de TF1 –explicaba el magnate sobre su empresa-, es ayudar a Coca Cola a vender su producto. Lo que le vendemos a Coca Cola es tiempo disponible de cerebro humano”.

Álvaro Uribe Vélez.

CNN, acusan sus críticos con gran credibilidad, es al Partido Demócrata lo que FOX News es al Partido Republicano en los Estados Unidos. A sus donantes más poderosos, exactamente. Un estudio de la Universidad de Harvard demostró que, en las campañas presidenciales del año 2007, la cadena tuvo una cobertura negativa de los candidatos republicanos, una favorable de la de los demócratas y una muy favorable de la de Obama, después de este haber derrotado a Clinton, representante favorita del canal en las primarias. Fue tan parcial la información presentada sobre la ex primera dama que se alcanzó el descaro e inspiró a Steve Kornacki a editar una famosa pieza en el New Yorker Observer, recordada columna por contener entre sus líneas el apodo a convertirse en el favorito de sus críticos: Clinton News Network.

CNN, en los Estados Unidos, hace parte del club de los medios liberales (progresista acorde a sus conceptos), entre los que se destacan The New York Times, MSNBC, CBS y NBC. Una encuesta demostró que sus televidentes, en porcentajes escandalosamente altos de hasta el 90%, son votantes del Partido Demócrata sin ningún aprecio por su principal contrincante. Glenn Greenwald, afamado informador lanzado al estrellato por narrar el caso Snowden, compartía una aterradora realidad: en cada una de las empresas mediáticas se analizaba el impacto de la audiencia no ya programa a programa, sino segmento por segmento. Tal métrica tan especializada provenía de haberse percatado, los ejecutivos, de un marcado comportamiento de los televidentes: una perdida considerable de audiencia en cada aparición de personalidades exponiendo criticas a las principales figuras políticas del partido. La caída en las vistas se traducía en merma de ingresos, forzando a los canales a transfigurarse en una caja de resonancia gigante del partido liberal con tal de satisfacer a su público y mantener los márgenes con sus patrocinadores.

Edward Snowden y Gleen Greenwald.

Los espectadores de los medios liberales son tan fieles al Partido Demócrata como contradictores al Partido Republicano. Y, tal vez, a quien más han aborrecido del nombrado GOP (Grand Old Party) es a Donald J. Trump. Animadversión nacida no solo por ser contrario a su ideología sino por ser, además, un ajeno al establecimiento político tradicional, ese que se cree dueño natural del poder público. Cuando el gobierno de Iván Duque decidió, en una maniobra seguramente equivocada, posiblemente ilegal, pero realmente patética, hacer campaña en la Florida a favor de la reelección del presidente conservador, se estaba llevando la soga al cuello. Al perder la contienda electoral el magnate en favor de Biden, era solo cuestión de horas para que los medios progresistas jalaran de ella hasta ahorcarlo.

Un primer incidente, antecedente de hecho, se desató en el fallido intento de derrocamiento de Nicolás Maduro por parte del recién elegido Iván Duque y del nuevo líder autoproclamado de Venezuela, Juan Guaidó. Para el mundo fue una sorpresa de tamaño mayor leer en The New York Times un minucioso estudio desmintiendo las versiones sobre los hechos presentadas por la comitiva de Duque y Guaidó, formando un situación tan bizarra que a muchos hizo sentir que el diario enviaba un apoyo al gobierno venezolano. Nada más distante de la verdad. El periódico practicaba la máxima de la relaciones internacionales: el enemigo de mi enemigo, es mi amigo y, desde siempre, para los liberales estadounidenses su mayor adversario es el partido conservador de su país.

Donald Trump

Los comportamientos abusivos de la policía colombiana contra su ciudadanía no nacieron en las marchas y paro de 2021. Son una constante histórica y CNN en Español estaba obligada a estar al tanto de ello. Nunca hicieron eco del nefasto trato de la fuerza pública con sus connacionales porque el régimen político del país sudamericano estaba completamente alineado a los intereses en el extranjero de la potencia norteamericana, fueran detentores del poder público en el norte los demócratas o los republicanos y en el sur los liberales, conservadores, santistas o uribistas. La variable desconocida en esta ocasión es el apoyo ofrecido por el gobierno liderado por Iván Duque a la candidatura de Donald Trump o, en otras palabras, el intento de obstaculizar la llegada al poder del Partido Demócrata.

¿Puede ser toda esta operación mediática y política en contra de Iván Duque y Álvaro Uribe una simple venganza producida por un acto de campaña en contra de la cadena, su partido y sus donantes? Lo exagerado no elimina lo real; pero de un país tan pragmático como lo es Estados Unidos lo esperado no es una reacción tan grandilocuente, tan fervorosa, tan poderosa, por algo tan insignificante, como lo es un apoyo sin capacidad real de impactar en el resultado de las elecciones. Congresistas, personal del departamento de Estado, organizaciones de derechos humanos, además de las cadenas noticiosas internacionales, salieron lanza en ristre a denunciar los maltratos a los ciudadanos, vociferando producto de la indignación, como si de un acontecimiento inédito se tratara, cuando lo presentado es una actuación muy regularizada de las fuerzas armadas colombianas. ¿A razón de qué la transformación en el tratamiento de la información? El pasado es prólogo.

Iván Duque.

El primero incidente a recordar tuvo como protagonista a Hillary Clinton, siendo cabeza de la secretaría de Estado y en cercanía a su visita oficial a Colombia en 2010. Wikileaks compartió con el público una considerable cantidad de correos electrónicos intercambiados entre el embajador de los Estados Unidos en Colombia William Brownfield y su jefa inmediata, manifestando en ellos, el subalterno, la necesidad de mantener una relación muy diplomática con el presidente de Colombia, en aquellos días el señor Álvaro Uribe Vélez. Los fuertes lazos del mencionado con el paramilitarismo en todas sus variantes (parapolítica, narcotráfico, genocidios), podrían contraer consecuencias indeseadas para la imagen de la futura candidata a presidente. El segundo hecho se encuentra en los parajes del libro de John Bolton, “The Room Where It Happened”, ex asesor de seguridad de Donald J. Trump, donde se lee que los fracasos por derrocar al gobierno venezolano, organizando una fachada con el concierto Venezuela Aid Live, fue una operación “decepcionante” para la Casa Blanca.

“Mal paga el diablo a quien bien le sirve”, es un adagio popular aplicable en innumerable cantidad de relaciones con socios internacionales de los Estados Unidos. Rafael Leónidas Trujillo, por recordar un caso, recibió apoyo de Washington para instaurar una dictadura en República Dominicana, para luego ser asesinado por cercanos suyos con apoyo de la C.I.A.; Saddam Hussein sirvió fielmente a los intereses de la Casa Blanca en la Guerra Irak-Irán en los años ochenta, para años después ser atacado dos veces por la familia Bush; los talibanes de Afganistán fueron unos héroes dignos de recibir apoyo del Pentágono (incluso una película, “Rambo III”, para elogiarlos) mientras luchaban contra el Imperio Soviético, solo para terminar siendo perseguidos como los culpables del ataque del 11 de septiembre (a pesar de que la gran mayoría de perpetradores del golpe eran de Arabia Saudita).

Hillary Clinton (Foto de Bill Greene/The Boston Globe. Getty Images)

La vida de Álvaro Uribe Vélez contiene todos los elementos para ver repetida la historia. El alfil fiel, el presidente amigo, como llamó a George W. Bush, se convierte en el socio incómodo cuya existencia es obligatoria de disipar. Fue lo que sucedió con Noriega, en Panamá; con Castillo Armas, en Guatemala; con Stroessner, en Paraguay. El ascenso meteórico de Uribe Vélez en la campaña presidencial y su fidelidad extrema a los Estados Unidos, hizo a muchos especular aobre quién realmente había impulsado su carrera. Y, en especial, para qué lo convirtieron en presidente. Para nadie sería una sorpresa descubrir que la potencia del norte usó todo su poder en Colombia para elegir a Uribe como respuesta a la expansión de los gobiernos de inspiración bolivariana liderados por el fenómeno Chávez en Venezuela. La historia explica el presente y predice el futuro con mucho acierto.

Un análisis de su mandato sustentaría tan complicada afirmación. La llegada de Duque al poder y su afán por derrocar a Nicolás Maduro validaría la tesis. Y desde ahí es fácil proyectar que, teniendo en cuenta el desprestigio del uribismo en los círculos estadounidenses, en los medios internacionales y, entre su electorado, su valor político está acabado para sus verdaderos jefes políticos y su futuro es oscuro. El pasado es prólogo. Baltasar Garzón Real, jurista español recordado en América Latina por el juicio contra Augusto Pinochet, dictador chileno golpista apoyado por Estados Unido, advirtió ya a Iván Duque de consecuencias a sufrir por las atrocidades vistas. El futuro parece estar escrito. Y es que fue evidente el cambio, el tono, la actitud en la entrevista con CNN y, así mismo, el nulo respaldo al mandatario de sus socios republicanos. El imperio parece ha abandonado al último de sus vasallos. El ex presidente esperaba una conversación ligera con Fernando del Rincón en su entrevista, una en la que podría explicar a la audiencia internacional los acontecimientos con la fuerza pública y darle un contexto que permitiera legitimar el uso indiscriminado de la violencia. Averigüar cómo se extendió la invitación de los productores al ex presidente aclararía inmensas conjeturas. Porqur seguramente fue ahí donde se originó la emboscada y, posiblemente, el principio del fin del escudo protector de un régimen que hasta hoy se proyectaba inamovible e impune.

Hugo Chávez

2 comentarios en “¿Por qué CNN emboscó a Álvaro Uribe Vélez?

  1. El concepto de canalla se utiliza en nuestra lengua para referirse a aquella persona que se muestra ruin y miserable en su accionar y trato para con los demás. Por lo q no aplicaría en su totalidad para el estado. No obstante, hay una referencia cierta en el reverso del psicoanálisis donde otorga la siguiente definición: toda canallada se basa en querer ser el Otro del Otro de alguien para manipular sus deseos.] En consecuencia, el canalla proclama la verdad desde el lugar del Otro para operar sobre los deseos de los otros. ¿Entonces quien o quiénes son los canallas?

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