¿Cómo se apropiaron los bancos de todo?

El santo grial del mercadeo es conseguir transformar un producto en una necesidad. Y, aun así, los banqueros superaron la máxima al hacer de la necesidad su producto.

El paso del tiempo la ha venido develando como una década trascendental. Una época en la que feneció una forma de vida cuyo entierro legó su espacio a la construcción de una nueva forma de sociedad. Quedaban para el recuerdo los días del Estado de Bienestar y el sol se levantaba radiante impactando con su luminosidad el nacer de la época neoliberal. Los años setenta del siglo pasado, unos tan convulsivos como controversiales, contienen en varios de sus días el big bang político del que emana el mundo actual, uno subyugado al poder omnipresente de la banca privada.

La razón existencial de las instituciones de Bretton Woods era la construcción de un comercio internacional estable y justo, levantando toda una arquitectura financiera mundial sobre los cadáveres de los millones sacrificados en la Segunda Guerra Mundial y en honor a su entrega. Hasta 1971 el sueño se hizo realidad; pero, se sembraría ese año la semilla maldita, aquella cuya cosecha podrida habría de envenenar a la mayoría de sus comensales. El «Nixon Shock» sería el nombre con el que la historia recordaría al decreto del presidente republicano de los Estados Unidos con el que desterraba de un plumazo la paridad del dólar con el oro, incumpliendo la promesa de entregar cantidades definidas del metal precioso a cada detentor de su moneda, indicando a la banca el camino a recorrer para llegar a la línea de meta cuyo premio era conquistar el globo.

Richard Nixon
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Deuda externa, ¿el más imperdonable de los crímenes?

Pero esta es la esencia pura de la industria bancaria, convertirnos a todos, ya seamos naciones o individuos, en esclavos de la deuda.

El IBBC es un banco. Su objetivo no es controlar el conflicto, es controlar la deuda que produce el conflicto. Verás, el valor de un conflicto, el valor real, está en la deuda que produce. Tú controlas la deuda, controlas todo… Encuentras esto molesto, ¿cierto? Pero esta es la esencia pura de la industria bancaria, convertirnos a todos, ya seamos naciones o individuos, en esclavos de la deuda.

The International, de Tom Tykwer

El albor de un nuevo milenio no ha contraído muestras extensivas de comportamientos más civilizados. Las promesas antecediendo una nueva era, proyectando un despertar de la conciencia, se han conservado intactas en su condición de meros sueños. La realidad exhibe cómo las desgracias humanas no desaparecen, tan solo mutan o evolucionan. La opresión antaño ejercida por el amo esclavista ha transmutado en mensajes propagandísticos delineadores del comportamiento a favor de sus herederos. Se ha entendido que un esclavo conocedor de su condición es un revolucionario en potencia; uno que se ha logrado manipular hasta hacerlo feliz de su situación es una maquina lista para ser explotada por la máquina de producción.

La fuerza de la deuda externa se sotierra detrás de su condición de factor contable de las finanzas del mundo globalizado. Su esencia es ser el látigo magullando las espaldas de los más vulnerables al interior de las más corrompidas naciones y sostener la pirámide en cuya cima se habita con los más escandalosos privilegios. Su enorme extensión impide ver, demasiadas veces, la mano de aquel azotando y la parte alta de la construcción, escondida ésta detrás de las más blancas nubes. La deuda externa, como la bautiza uno de sus más bravos inquisidores, el argentino Alejandro Olmos, es la más grande de las estafas.

Aleksandr Naumovich Zak
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¿Por qué quiebran países ricos?

Una de las discusiones más olvidadas y, aún así, más importantes en la ciencia económica moderna: la diferencia entre crecimiento económico y desarrollo económico.

Jack Ma, célebre fundador de Alibaba, durante un encuentro en Davos del Foro Económico Mundial, trazaba con sus palabras el camino a recorrer por China en el futuro. Acorde a su creencia, se puede entender el desafío de su nación con una metáfora: un Estado tiene idéntico ciclo de crecimiento al de un humano: en sus años de juventud necesita expandirse físicamente: incrementar estatura, complexión, su exterior; pero al llegar la adultez, en su interior radica el objetivo: su intelecto, su espíritu. A un grupo de resabiados empresarios, académicos y científicos sociales, el afamado emprendedor explicaba, con las palabras de un profesor dirigiéndose a unos recién ingresados estudiantes, una de las discusiones más olvidadas y, aún así, más importantes en la ciencia económica moderna: la diferencia entre crecimiento económico y desarrollo económico.

Recordar la disyuntiva es de vital importancia en un mundo enfrentado a la reconstrucción de su sociedad global después de sufrir la pandemia del Covid-19. Y parece válido el uso de algunas figuras para entender la dicotomía: una propia de esta coyuntura indicaría que el crecimiento económico creó la actual pandemia, mientras el desarrollo económico la hubiera evitado; hay otra, numérica: el crecimiento halla en el Producto Interno Bruto su indicador predilecto; mientras que el desarrollo, aunque oficialmente no ha escogido su insignia preferida, pareciera encontrar en el Índice de Desarrollo Humano la más acorde a lo que desea expresar.

Jack Ma
Jack Ma. Foto CNBC
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