¿En el ocaso?

La evolución humana, condensada en una frase, es la de un alucinante proceso. Unos animales han sobrevivido y crecido en un ambiente inhóspito hasta transformarse en unos dioses poderosos capaces de modificar a su antojo todo a su alrededor. El proceso, organizado como un relato escrito imperdible, se presenta con galantería en el libro de Yuval Noah Harari cuyo título lo dice todo en pocas palabras: “De animales a dioses”. Pero también se describe tan magnífico viaje en un electrizante discurso, creado como una fascinante pieza publicitaria de la película “Prometheus”, en el que un joven Peter Weyland (Guy Pierce) detalla con pasión los pasos que el sapiens ha trajinado para conquistar una posición más cercana a la de unos seres celestiales que de unos terrenales.

Pero como seres superiores en la tierra, al humano lo define una condición contradictoria: su existencia misma depende totalmente del planeta que a su placer domina. Su cuerpo demanda insaciable los recursos de la naturaleza para sobrevivir, creando una relación de sumisión hacía ella bastante endeble. Todo debate político relevante de ahora en más, debe tener como foco esa dicotomía: ¿Hasta dónde llevar la explotación del medio que otorga la vida misma? Limitar, cuidar y proteger, se opone a la filosofía convertida en utopía de este tiempo: el neoliberalismo, cuyo lema se reduce a producir, consumir, expandir. Parece tomar sentido la frase de Rosa Luxemburgo, “socialismo o barbarie”, cuya actualización a nuestros días sería: “neoliberalismo y muerte”.

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Yuval Noah Harari.
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¿Es Colombia un Estado Canalla?

Noam Chomsky generó un caos en el mundo político en 1991 al presentar “Miedo a la democracia”. Su lectura llevó a un descubrimiento impactante por lo inesperado, aunque controversial por la excelencia con la que está sustentado. El lingüista construyó con cada párrafo un poderoso argumento, posibilitando sustentar una tesis alucinante y opuesta a la creencia más generalizada, pero cuya concatenada exposición obliga al lector a concordar con los alegatos finales del autor: Estados Unidos, sentenció él, aborrece el sistema político que busca expandir por el mundo entero. Ama el prestigio por él otorgado, por supuesto; la legitimidad frente a las naciones ofrecida al promoverlo, indudable; la posición de superioridad otorgada con respecto a otras sociedades imposibilitadas a organizarse bajo sus formas, indubitable esto. Pero no soporta de él su característica primordial: la entrega del poder.

Su análisis se ciñe con agudeza a estudiar el gobierno del presidente republicano e ídolo del conservadurismo estadounidense: el señor Ronald Reagan. Su conclusión de su mandato es tajante: “durante ocho años, el gobierno de los Estados Unidos funcionó virtualmente sin un primer ejecutivo”. Su opinión sobre el quehacer del actor convertido en líder político fue aún más controversial: “el deber de Reagan era sonreír, leer los textos del teleapuntador con voz agradable, contar unos cuantos chistes y mantener el auditorio oportunamente confuso”. Para el académico, Reagan “parecía disfrutar de la experiencia” de ser presidente, a pesar de los horrores ocurridos durante su mandato. Pero, “en realidad, no es asunto suyo si los jefes dejan montones de cuerpos mutilados en los vertederos de los escuadrones de la muerte en El Salvador o cientos de miles de personas sin hogar en las calles”.

Noam Chomsky
Noam Chomsky
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¿Es inevitable una Tercera Guerra Mundial?

No es en silencio como un imperio muere. Como un vetusto gigante rehusándose a abandonar el trono, las grandes construcciones políticas de la humanidad, en el ocaso de su hegemonía, gastan su último aliento tratando de impedir lo inevitable: su derrocamiento. Tucídides lo estipuló como si de una trampa se tratara: ningún Estado cede el puesto de privilegio en el teatro mundial sin luchar una guerra. Un grito final en una batalla perdida, las patadas del ahogado antes del aliento final, el acto de desespero que agota todas las fuerzas previo a ver convertido en realidad lo indeseable.

Estados Unidos forjó el más grande imperio de la humanidad en 1945. Sus posibles competidores eran unas sociedades en ruinas (Europa después de la Segunda Guerra Mundial) o atrasadas economías sin un futuro prometedor (Asia era una gran civilización rural y empobrecida). Pero como Ícaro, voló demasiado cerca al sol y su inmensa sombra nubló a la civilización entera. Nail Fergusson ofreció una nueva lectura a la historia del siglo XX en su glorioso libro: “La Guerra Del Mundo”, sustentando con su análisis que la segunda mitad de la centuria fue aquella que vería el derrumbe no solo del gran imperio occidental, sino de toda su civilización.

Niall Ferguson. Foto The Berggruen Institute
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¿Por qué se desvanece el miedo al comunismo?

“El éxito económico del siglo XXI es la China; y el éxito económico del siglo XX fue la Unión Soviética“. La frase fue dicha en medio de una conferencia. Su autor es un hombre con unos honores absolutamente incontestables: Yale, Harvard y Stanford son las universidades donde consiguió sus títulos de pregrado, maestría y doctorado, en distintas ramas de la economía, incluida la de historiador del área. Richard D. Wolff es su nombre y los títulos de sus libros, “Understanding Marxism” (Comprendiendo el Marxismo) y “Understanding Socialism” (Comprendiendo el Socialismo), además de dicientes, son parte esencial de una vida académica con profundo impacto en sus compatriotas, una carrera que, sin miedo a equivocarse, se puede argumentar está cambiando por completo la historia de ese país.

Los días aciagos posteriores a la crisis de 2007 en los Estados Unidos y Europa produjeron un renacimiento del interés por las ideas de Karl Marx. “Los jóvenes se acercan (al ideario marxista) de forma abierta, desprejuiciada, con curiosidad”, comentaba para su entrevista en el canal Deutsche Welle (DW) la directora del museo Karl-Marx-Haus, Beatrix Bouvier, en Alemania, en 2007. La intriga llevaría a lo impensable: en 2015, Penguin Random House declaraba que un lanzamiento especial de una colección de bolsillo con varias obras clásicas había sido un éxito absoluto e impredecible, siendo el principal responsable de sus notorias ventas “El Manifiesto Comunista” de Friedrich Engels y Karl Marx. Pero, tal vez, el hecho más poderoso y capaz de explicar lo que ha sido el renacimiento del histórico autor sea la conversión de figura marginal a estrella mediática y académica en los Estados Unidos de un profesor como Richard Wolff, quien sin miedo a represalias alguna se declara a sí mismo como “marxista”. Hasta FOX News ha ido él a ser entrevistado.

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¿Por qué quiebran países ricos?

Jack Ma, célebre fundador de Alibaba, durante un encuentro en Davos del Foro Económico Mundial, trazaba con sus palabras el camino a recorrer por China en el futuro. Acorde a su creencia, se puede entender el desafío de su nación con una metáfora: un Estado tiene idéntico ciclo de crecimiento al de un humano: en sus años de juventud necesita expandirse físicamente: incrementar estatura, complexión, su exterior; pero al llegar la adultez, en su interior radica el objetivo: su intelecto, su espiritu. A un grupo de resabiados empresarios, académicos y científicos sociales, el afamado emprendedor explicaba, con las palabras de un profesor dirigiéndose a unos recién ingresados estudiantes, una de las discusiones más olvidadas y, aún así, más importantes en la ciencia económica moderna: la diferencia entre crecimiento económico y desarrollo económico.

Recordar la disyuntiva es de vital importancia en un mundo enfrentado a la reconstrucción de su sociedad global después de sufrir la pandemia del Covid-19. Y parece válido el uso de algunas figuras para entender la dicotomía: una propia de esta coyuntura indicaría que el crecimiento económico creó la actual pandemia, mientras el desarrollo económico la hubiera evitado; hay otra, numérica: el crecimiento halla en el Producto Interno Bruto su indicador predilecto; mientras que el desarrollo, aunque oficialmente no ha escogido su insignia preferida, pareciera encontrar en el Índice de Desarrollo Humano la más acorde a lo que desea expresar.

Jack Ma
Jack Ma. Foto CNBC
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¿Por qué hay políticos que aman la guerra?

Le urge a Estados Unidos encontrar una nueva misión para sus fuerzas militares. Las razones para ello son complejas y complicadas, pero las muestras son contundentes e incontestables. En el fondo, es la misma y vieja historia de siempre: el negocio. Sea amenazando a Venezuela, moviendo la naval hasta el Mar de China o manteniendo incomprensiblemente sus tropas en Medio Oriente, el triunfador de la Guerra Fría alimenta un monstruo insaciable cuya representación más gráfica es una figura geométrica, y cuyo nombre más reconocido es el “complejo militar industrial”.

Fue Sean McFate, en su libro The Modern Mercenary: Private Armies and What They Mean for World Order, publicado por la Universidad de Oxford, de los primeros valientes en constatar que, las guerras en el mundo son perpetradas por compañías listadas en la Bolsa de Valores de Nueva York, haciendo de la aparición de un conflicto un juego especulativo de sus valores y una poderosa fuente de ingresos, abriendo todo un nuevo campo de análisis a cómo se planean y ejecutan los golpes militares. De haberse perpetrado la invasión a Venezuela, por recrear un escenario hipotético, por parte del gobierno Trump, desatando una guerra por todo Sudamérica, un ávido deseo por las acciones de las empresas contratistas militares se habría despertado, enriqueciendo en un santiamén a un puñado de poderosos empresarios. Evidente; pero es de aclarar que, el simple anuncio, genera similares reacciones en los mercados. La expresión “juegos de guerra” nunca fue tan exacta.

Sean McFate
Sean McFate
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¿Ha muerto el neoliberalismo?

“Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo”. La frase, incendiaría en su esencia, tiene como autor al investigador del MIT, creador de uno de los libros de texto de economía más importantes de la actualidad y considerado en varios medios como el mejor economista de la historia, el profesor Paul Samuelson. Fue esta pronunciada en el 2009, en momentos posteriores a la caída de Lehman Brothers, el otrora segundo banco más grande de los Estados Unidos, cuya debacle dio inicio a una crisis económica mundial tan profunda que hoy no se ha podido encontrar un escape de ella, llevando a catalogar este periodo histórico por varios economistas de prestigio global como el de la Gran Recesión. Hoy, con la ventaja otorgada por el paso del tiempo, podemos criticar la sentencia del afamado ganador del Nobel en 1970, y proponer un cambio diciendo que, tal dijo el político colombiano Gustavo Petro en entrevista con el autor, no estamos ante el fin del capitalismo, sino ante el del neoliberalismo.

En nueva edición de su texto clásico, “Economía”, para ser lanzada en pleno auge de la Gran Recesión, Samuelson estipula que “muchos libros se han excedido en su presentación de un liberalismo excesivamente complaciente. Se unieron a celebrar las finanzas del libre mercado y apoyaron tanto el desmantelamiento de las regulaciones como la abolición de la supervisión del Estado. La amarga cosecha de esta celebración ha sido evidente en los exuberantes mercados hipotecario y accionario, que se colapsaron y provocaron la crisis financiera actual”.

Paul Samuelson de Garteh Southwell
Paul Samuelson de Garteh Southwell
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¿Coronacapitalismo?

No se requiere de grandes seres humanos al momento de enfrentarse a la toma de decisiones obvias. Entre una buena y una mala opción por escoger, cualquier ciudadano del común sabrá qué camino tomar. Cuando el dilema es un sin salida, con consecuencias indeseables se decida por cualesquiera de las posibilidades, la necesidad de líderes se hace apremiante.

Covid-19
Covid-19

Al arrancar el brote de Covid-19, un virus mortal con una capacidad de contagio aterradora, la casi totalidad del mundo político aceptó las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y luchó por evitar el contacto social, obligando a los habitantes del planeta a entrar en una cuarentena sin precedentes en la historia. Con todas las diferencias, falencias, problemáticas y críticas aceptadas para cada caso, el poder político del planeta paralizó la sociedad moderna.

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