Mucho antes de haber leído siquiera el proyecto fiscal del Gobierno, los políticos de oposición salieron en coro a proclamar su obstrucción a priori en el Congreso a toda propuesta de cambio. Los grandes medios, que previamente habían iniciado su campaña de engaños con bulos como la presunta elevación a 5 por mil del impuesto a las transacciones financieras, se esmeraron en divulgar ampliamente los mensajes vagos y prejuiciosos de los opositores.

Según todos ellos, “el país no resiste más impuestos”. Es esa la expresión que repiten como axioma, sin contrastarlo con la realidad fiscal y económica del país, ni analizar la propuesta del equipo económico del Gobierno. Se trata de una práctica habitual, perfeccionada durante estos dos últimos años, para desinformar con dogmas y afirmaciones mentirosas a los colombianos.

Grupos de oposición en Colombia

A esta campaña se sumaron sin demora los comentaristas neoliberales que profesan el fundamentalismo de mercado y el mantra de privatización de lo público. Entre ellos, José Manuel Restrepo, el exministro de Hacienda del gobierno de Duque, quien tiene el cinismo de afirmar que le entregó “saneado” al gobierno actual el billonario hueco fiscal causado por la congelación desde 2020 de los precios de los combustibles… cuando lo que en realidad le entregó fue un paro camionero instalado, como lo advirtió hace dos años el hoy ministro Ricardo Bonilla, entonces miembro de la comisión de empalme.

Hasta ahí las reacciones previsibles. Pero lo que sí podría sorprender a quienes conocen el proyecto fiscal es que los voceros de los gremios como la ANDI y FENALCO, ahora agrupados en el Consejo Gremial, llamaran abiertamente a hundir la propuesta de ley de financiamiento y oponerse al presupuesto para 2025 presentado por el Gobierno, por ser una respuesta totalmente incoherente. Primero, porque la ley de financiamiento propuesta contiene una importante reducción del impuesto de renta para las empresas privadas que se supone son representadas por esos gremios: de 35% a 30% (33% para grandes empresas) y hasta 27% para las empresas pequeñas, ajustando eso sí el gravamen mínimo efectivo a 20%. Segundo, porque contiene beneficios tributarios sectoriales para estimular la actividad turística, la energía solar, la vivienda y la renovación del parque automotor de los transportadores; así mismo, permite subsidiar a los estratos 1,2 y 3 la impagable deuda con las electrificadoras a cargo de los consumidores que dejó la “opción tarifaria” de Duque.

Ricardo Bonilla. Ministro de Hacienda.

Y aunque para compensar estos egresos reduce el umbral del impuesto de patrimonio y aumenta el gravamen a aquellos de más alto valor, exonera de este tributo a los activos productivos de las empresas en general. Entre las personas jurídicas serán solo los poderosos negocios mineros y petroleros los que asumirán un mayor valor del impuesto por concepto de las emisiones de carbono. Y también los bancos, a los cuales se les prorroga el pago de la sobretasa vigente.

En realidad, la mayor parte de los nuevos ingresos fiscales provendrá de gravar los juegos de suerte y azar en las plataformas virtuales, hoy inexplicablemente exentos del 19% de IVA, algo además muy inequitativo con los negocios que tienen presencia física en el país. Igualmente, contribuirá al mejoramiento de esos ingresos el cobro pleno del IVA a los vehículos híbridos importados, reservando el IVA preferente de 5% solo para los vehículos eléctricos. Y habrá también un aumento de 5% a las ganancias ocasionales.

Debate del Presupuesto General de la Nación en el Congreso de la República

En resumen, salvo las grandes empresas extractivistas mencionadas, esencialmente quienes tendrían que pagar mayores impuestos sobre sus rentas regulares y su riqueza son las personas naturales con muy altos ingresos, originados especialmente en rentas de capital, y los dueños de elevados patrimonios improductivos. Es decir, la fracción más opulenta del 10% más rico de la población. No se modifica el IVA de la canasta familiar, tampoco se cambia el umbral para declarar renta ni se altera su escala impositiva.

En su conjunto es un proyecto que, aunque propone ajustes fiscales progresivos, está lejos de ser una reforma tributaria, como lo ha aclarado el ministro Ricardo Bonilla. Pero apunta a corregir el exceso de la tasa nominal de impuestos de renta a las empresas que se estableció en la última reforma del gobierno de Duque. Esa reforma nos puso a encabezar la lista internacional de países con mayor tasa de ese impuesto corporativo, mientras se abstuvo de tocar las exenciones tributarias injustificadas.

Ex presidente Álvaro Uribe Vélez e Iván Duque

Tal corrección ha sido un reclamo general del sector empresarial y forma parte también de las recomendaciones de expertos tributarios de todas las escuelas y latitudes. Se ha señalado que mientras que en los países más avanzados la mayor parte del impuesto de renta no corresponde a las empresas sino a sus propietarios, en Colombia es totalmente lo contrario. Esto favorece la evasión fiscal y tiene efectos socialmente regresivos, ya que promueve una mezcla opaca y distorsionada entre los activos y gastos particulares de los socios y los de sus firmas empresariales. Por tanto, es claro que un mejoramiento del régimen tributario debe buscar una moderación del impuesto a las empresas, que crean el empleo, y un incremento correlativo de la contribución fiscal de las personas naturales que perciben las mayores rentas.

Sin embargo, a juzgar por el rechazo cerrado a este cambio tributario que beneficia a las empresas, los intereses que defienden los voceros gremiales no son los de éstas, a la que se supone representan, ni los de la inversión productiva. ¿Cuáles son entonces? ¿Los de los dueños de las riquezas improductivas? ¿Prefieren que las empresas sigan asumiendo la mayor parte de la carga impositiva (hoy asumen 80%) para impedir que las altas rentas personales paguen gravámenes apropiados?

Los hombres más ricos de Colombia para la Revista Forbes. Luis Carlos Sarmiento Ángulo. David Vélez. Alejandro Santodomingo. Jaime Gilinski

Hay que recordar que fueron estos gremios, con los mismos presidentes actuales, los que aceptaron sin chistar el aumento de la tasa impositiva de renta a las empresas de 30% a 35% en el gobierno de Duque. Y observaron impasibles el desgreño fiscal del mismo gobierno cuando subió la deuda a 61% del PIB, perdió el grado de inversión financiera -que encareció el endeudamiento- y aumentó déficit fiscal y el gasto público improductivo, con lo cual impulsó el desbordamiento de la inflación. 

Así mismo, guardaron silencio cómplice cuando, por ejemplo, Duque intentó obsequiarle a Avianca, empresa de propiedad extranjera, miles de millones de pesos de los recursos públicos, mientras la gente común sufría las penurias de la pandemia. O cuando ese gobierno entregó a sus amigos el manejo de los fondos para la paz y de las regalías. Y estos personajes, lejos de financiar proyectos para las víctimas del conflicto, se dedicaron a saquearlos, como lo han denunciado tanto la Contraloría como Planeación Nacional. Igualmente guardaron silencio, cuando su director de la DIAN, responsable de combatir la evasión tributaria, fue sorprendido con dineros personales en los paraísos fiscales.

Presidente Gustavo Petro en el Congreso de la República.

No obstante, ya durante el presente gobierno, una vez la terapia de la política monetaria del Banco de la República para frenar la inflación provocó la fuerte desaceleración de la economía, se inventaron mil explicaciones para encubrir las causas reales del frenazo, presagiar una recesión que no fue y culpar al gobierno recién instalado con el peregrino discurso de la “incertidumbre”. Y cuando los estudios económicos del ministerio de Hacienda revelaron el aporte verificable de la codicia empresarial al desbordamiento de precios, se rasgaron las vestiduras y declararon que la divulgación de esas realidades era ofensiva. Lo mismo dicen ahora de las verdades que expresa el presidente sobre la injusticia social y los abusos de quienes concentran el poder económico en Colombia. 

Por el contrario, en el terreno positivo de la economía nunca han reconocido la contribución de la política agraria del gobierno actual en bajar la inflación de alimentos, que ha sido fundamental en la recuperación de la demanda interna y el crecimiento. Tampoco los avances en los indicadores sociales como la reducción de la pobreza, ni la importante creación de empleo a pesar de la caída de la inversión privada. En cambio, mientras las cifras muestran que se ha iniciado la recuperación del crecimiento -duplicando las proyecciones iniciales para este año y el siguiente- insisten en reclamar una “política de choque” para impulsar la reactivación económica que implica un aumento de la inversión pública.

Victoria Dávila, principal opositora del gobierno nacional.

Sin embargo, con total incoherencia, ahora salen con que se debe recortar más el presupuesto del año entrante, que significa cercenar esa inversión y el gasto social. Y se oponen a un proyecto fiscal de obtención de nuevos ingresos para equilibrar las finanzas públicas, sin importar que éste beneficie a la mayoría de las empresas y no aumente los impuestos para la clase media y el pueblo. Parece ser que para estos líderes gremiales -al igual que para los políticos de la derecha- el crecimiento productivo con empleo, la redistribución del ingreso y las políticas sociales del Estado de bienestar, son un anatema equivalente al fantasma de la expropiación.

No se necesita ser muy suspicaz para descifrar las inclinaciones políticas de los presidentes de los gremios. La figuración como invitados de honor a sus asambleas anuales de enemigos declarados del gobierno como el exfiscal Barbosa, Vicky Dávila, decana del periodismo difamador, el reaccionario senador Iván Name y otros reconocidos personajes de la oposición más intransigente, dan cuenta de ello. ¿Pluralismo político? Improbable: en los gobiernos anteriores nunca se invitó a la tarima a ninguna figura de la oposición.

Iván Name. Ex presidente del Senado

Pero aun con estos precedentes, la abierta intervención actual de los voceros gremiales ante el Congreso para perseguir el hundimiento de todas las reformas e incluso para aupar el bloqueo a las gestiones ordinarias del presupuesto, denota ya una actitud militante de sus cabezas contra el gobierno, ejercida a nombre de sus organizaciones gremiales. La tradicional interlocución respetuosa de éstas con los anteriores presidentes y sus ministros ha sido sustituida por la crítica venenosa y la estigmatización diaria ante los medios de todos los actos del gobierno, así como la abierta intervención política en su contra.

El discurso catastrofista de los gremios forma parte primordial de la creación del ambiente de opinión y el pánico económico que requiere el golpismo. Es cada vez más claro para el país que personajes como Bruce MacMaster o Jaime Alberto Cabal presiden hoy, en realidad, un partido de oposición encubierto con el ropaje gremial. Su plataforma política es la defensa de los privilegios de las elites y de la concentración del ingreso, al igual que del usufructo privado de los recursos públicos -que no aceptan ceder- y de la fracasada estrategia extractivista de desarrollo.

Jaime Cabal, presidente de FENALCO

Cuentan con el respaldo de los jefes de la derecha política que implantó el modelo, desde Gaviria y Santos hasta Uribe, Pastrana y Vargas Lleras. Y su meta, mal disimulada, es la de ayudar a suplantar el programa social que respaldó mayoritariamente el pueblo en la elección presidencial de 2021, con la restauración de la conducción neoliberal del Estado y la economía. Una política funesta para Colombia, comprobadamente excluyente en lo social y opuesta al verdadero desarrollo económico de la nación.

Si se comprende esa realidad, la respuesta de la gente progresista de este país no puede ser otra que la unidad para impedir el retroceso histórico que significa ese desenlace.  

2 respuestas a «La oposición, ¿frenar la economía para favorecer la oligarquía?»

  1. Avatar de Luis GonzálezRubio Ibarra
    Luis GonzálezRubio Ibarra

    Excelente columna,ojalá muchos independientes pudieran tener acceso a la misma.soy un convencido qué hay que crear muchos canales de comunicación para qué el pueblo tenga conocimiento de todo lo desarrollado por el actual gobierno.los dueños de los medios que son los actúales hombres más rico de nuestro país no dejarán desarrollar ningún proyecto qué atente contra sus fortunas.

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  2. Avatar de studentglorious685cf32caa
    studentglorious685cf32caa

    Análisis del El artículo “La oposición: ¿frenar la economía para favorecer la oligarquía?” profundiza en cómo la oposición en Colombia ha afectado de forma deliberada la economía para beneficiar a las élites. Estos actos, disfrazados de medidas económicas responsables, favorecen a la oligarquía mientras el pueblo colombiano sufre hambre y precariedad.

    1. Auxilios a Empresas Extranjeras:
      El artículo critica fuertemente cómo el gobierno anterior concedió generosos auxilios financieros a empresas extranjeras. Esto sucedió mientras el pueblo colombiano enfrentaba hambre y una crisis de acceso a bienes básicos. A mi juicio, redirigir estos recursos hacia empresas locales habría sido una mejor alternativa, fomentando el empleo y fortaleciendo la economía interna. La experiencia de Brasil durante la era de Lula, donde se incentivó el consumo interno y la producción nacional, muestra que es posible fomentar el crecimiento inclusivo.
    2. Subsidios a los Combustibles:
      El texto señala que las políticas de subsidios a los combustibles resultaron en un estancamiento del PIB, que llegó a un 0,61%. Estos subsidios, que en teoría debían beneficiar a la población, favorecieron en realidad a sectores de altos ingresos y a grandes empresas que consumen más energía. Para contrarrestar este desequilibrio, una política más eficiente sería incentivar la transición hacia energías limpias, como se ha hecho en países como Alemania, que ha reducido su dependencia de los combustibles fósiles y a la vez ha logrado crecimiento económico sostenido.
    3. Estancamiento del PIB al 61% con relacion a La deuda Externa
      El bajo crecimiento del PIB en un 61% fue, según el artículo, consecuencia directa de las políticas de subsidios mal implementadas y los auxilios a grandes corporaciones. Este crecimiento reducido refleja un sistema ineficaz que prioriza a unos pocos. Un enfoque viable sería invertir en sectores de tecnología e innovación, como lo ha hecho Israel, lo que podría dinamizar la economía, creando empleos de alta calidad y mejorando la competitividad del país.
    4. Concentración del Poder en la Oligarquía:
      El artículo denuncia la concentración de poder en una pequeña élite que controla la economía y la política en detrimento de las mayorías. Proponer una reforma fiscal progresiva como en Suecia, donde los impuestos sobre las grandes fortunas financian programas sociales, podría redistribuir la riqueza y disminuir esta brecha de poder.
    5. Desarrollo Rural y Políticas Agrarias:
      También se menciona la falta de apoyo al sector rural, lo que impide que los campesinos y pequeños agricultores tengan acceso a mercados competitivos. Políticas como las implementadas en Francia y Canadá, que promueven la agricultura local y la autosuficiencia alimentaria, podrían beneficiar enormemente al campo colombiano, mejorando la seguridad alimentaria y la economía rural.
    6. Fuga de Capitales y Evasión Fiscal:
      La evasión fiscal y la fuga de capitales son problemas graves que se tocan en el artículo. El fortalecimiento del sistema de recaudación, siguiendo ejemplos como el de España, que ha digitalizado los procesos fiscales y ha luchado contra los paraísos fiscales, podría ser una estrategia eficaz para evitar que los grandes capitales eludan sus responsabilidades fiscales.
    7. Desigualdad de Género en el Empleo:
      La desigualdad de género en el acceso al empleo y los salarios es otro tema importante que el artículo aborda. Islandia ha establecido leyes estrictas para garantizar la igualdad salarial y penaliza a las empresas que discriminan por género. Colombia podría seguir un camino similar, implementando mecanismos más rígidos para asegurar igualdad de oportunidades laborales.
    8. Inversión en Salud y Educación:
      Se critica la falta de inversión en sectores clave como la salud y la educación, lo que perpetúa la pobreza. El aumento del gasto público en estos sectores, como en Noruega, podría generar una sociedad más justa y competitiva. Estas áreas no solo mejoran la calidad de vida, sino que también son pilares fundamentales para el crecimiento económico sostenible.
    9. Crisis de Gobernabilidad y Confianza Pública:
      El artículo menciona que la crisis de confianza en las instituciones está directamente ligada al mal manejo de los recursos y las políticas. Suiza, con su modelo de participación directa a través de referéndums y consultas populares, ha logrado aumentar la confianza en sus instituciones. Colombia podría aplicar un sistema similar para fortalecer la legitimidad de las decisiones políticas.
    10. Seguridad y Estabilidad Social:
      Finalmente, el artículo aborda la inestabilidad social derivada de la falta de oportunidades y la inseguridad. Políticas de seguridad social como el Ingreso Mínimo Vital, implementado en España, podrían garantizar una base mínima de bienestar para las poblaciones más vulnerables, reduciendo la conflictividad social y mejorando la estabilidad a largo plazo.
      El artículo menciona cómo los sectores más pobres de la población en Colombia terminan pagando proporcionalmente más impuestos en comparación con las clases altas, lo que resulta en una mayor precariedad. Para analizar esto, se deben considerar todos los gastos esenciales que un trabajador que devenga el salario mínimo enfrenta, tales como el arriendo, servicios, canasta familiar, salud, educación, transporte, entre otros.

    Análisis Completo

    1. Salario Mínimo en Colombia:
      El salario mínimo mensual en Colombia para 2024 es de $1,240,000 COP, con un subsidio de transporte de $140,606 COP. Esto da un total de $1,380,606 COP. Sin embargo, este ingreso es insuficiente para cubrir los gastos esenciales que un trabajador debe afrontar.
    2. Gastos Esenciales:
      Arriendo: El costo promedio de alquiler en áreas urbanas puede oscilar entre $500,000 a $800,000 COP para viviendas modestas, lo que representa entre el 36% y el 57% del salario total.
      Servicios Públicos: Luz, agua, gas y otros servicios básicos en una vivienda de clase media baja cuestan alrededor de $200,000 a $300,000 COP.
      Canasta Familiar: Según estudios del DANE, el costo de la canasta básica en Colombia para una familia es de aproximadamente $450,000 a $700,000 COP, lo que deja muy poco margen para otros gastos.
      Salud: Si bien el sistema de salud colombiano cuenta con un régimen subsidiado, muchas familias deben cubrir gastos adicionales como medicamentos, tratamientos no cubiertos o consultas privadas, lo que puede añadir entre $50,000 a $200,000 COP al mes.
      Educación: Para aquellos con hijos en edad escolar, los costos de educación pueden variar, pero en promedio pueden ser $150,000 a $250,000 COP en colegios públicos (gastos de transporte, útiles, uniformes, alimentación escolar, etc.).
      Transporte: Si una persona utiliza transporte público para movilizarse al trabajo, en promedio gasta alrededor de $4,000 COP diarios (ida y vuelta), lo que significa unos $120,000 COP al mes en transporte.
    3. Cálculo Total de Gastos:
      Arriendo: $500,000 a $800,000 COP
      Servicios: $200,000 a $300,000 COP
      Canasta Familiar: $450,000 a $700,000 COP
      Salud: $50,000 a $200,000 COP
      Educación: $150,000 a $250,000 COP
      Transporte: $120,000 COP
      Esto significa que, en el mejor de los casos (con los gastos más bajos), una persona con salario mínimo está gastando alrededor de $1,470,000 COP al mes, lo que ya excede el salario total de $1,380,606 COP. En el peor de los casos (gastos más altos), el costo total de vida alcanza $2,370,000 COP, lo que representa casi el doble del salario mínimo.
      Reflexión Final
      El artículo es una denuncia clara de las políticas fallidas del pasado que solo favorecieron a las élites económicas. A largo plazo, la reestructuración de las políticas fiscales, una mejor distribución de los recursos hacia sectores vulnerables y el fortalecimiento del campo colombiano podrían contribuir al crecimiento sostenible del país. Además, es crucial implementar regulaciones de información que protejan la seguridad sin comprometer la transparencia, y adoptar un enfoque que fomente tanto el desarrollo económico como la justicia social.

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