Los cambios, cuando importantes, consagran transformaciones. Y aquellas que son relevantes, contraen incomodidades. La visión en un horizonte prometedor hace soportar los sufrimientos cotidianos. Así, se aboca Colombia indetenible, aunque muy tardía, a su primer gobierno nacional ajeno al establecimiento político, impulsada por la ilusión de imponer la transición de la que engendrará un mañana opuesto a la cruda realidad que ha sido la cotidianidad del país durante toda su historia moderna. Un primer foráneo a la casta criminal y oligárquica (en el sentido aristotélico del concepto) cuyo legado es nada distinto a una era de explotación bajo el yugo de la violencia y el derramamiento de rios de sangre para usurpar las riquezas nacionales, se dispone a tomar posesión en el cargo más apetecido por todo político colombiano.

Gustavo Petro Urrego, tan indescriptible como fascinante, tan impredecible como contundente, un hijo de las revoluciones políticas más valientes del Siglo XX, ha desarrollado un programa de gobierno irresistible para la gran mayoría de sus compatriotas, estructurando en cada línea de él el cómo construir una política pública que le otorgue al país las herramientas requeridas para afrontar con éxito los retos más acuciantes de un futuro a hoy vislumbrado como alarmante. Y no obstante tan prometedor escenario, la profunda ilusión desatada en cada uno de los electores del candidato no proviene tanto por las ideas plasmadas en su programa de gobierno, sino en la absoluta confianza habida en cada uno de ellos de que, una vez haya tomado él posesión como presidente de la República de Colombia, sus promesas cobrarán vida en la realidad y los resultados de ellas a muchos darán una primera oportunidad.

Gustavo Petro Urrego

El fervor expresado por su séquito de seguidores es uno merecidamente por él ganado. «Es muy fácil hablar en contra de la corrupción -proclamó Petro vibrantemente durante un debate presidencial en 2.018 como reclamo a sus contrapartes-. Yo he arriesgado mi vida por luchar contra la corrupción». La efusividad con que el público recibió tal arenga proviene de una verdad irrefutable: no hay un ápice de falsedad en tan grandilocuente sentencia. Y ya, a hoy, para casi la totalidad de la población de su país, es claro y contundente que es ella, la corrupción, la madre de todos los males acongojando una tierra que en otras realidades sería un paraíso y no la infinita condena que es para sus grandes mayorías. Es de ella de donde emanan las desgracias que han acompañado un pueblo azotado por la pobreza, la inequidad y la iniquidad, madres engendradoras de una hija maldita: la violencia sanguinaria.

¿Se puede salvar Colombia? ¿Se puede transformar un país tan desgarrado por la violencia, tan atrasado por la pobreza, tan consumido por la corrupción? Gustavo Petro tiene la firme creencia de que sí; pero hasta ahí, eso no sería más que su opinión, una que por más que importante, sustentada y valiosa, no deja de ser eso: un convencimiento personal. La verdadera razón para hoy aferrarse a una ilusión es que la historia avala su percepción. Ha Joon Chang, el gran economista de Corea del Sur, experto en teorías del desarrollo, gran fuente de inspiración de la Revolución Ciudadana de Rafael Correa en Ecuador y avalador de las propuestas presentadas por Petro, relata en uno de sus más brillantes libros, «¿Qué fue del buen samaritano?», una historia trascendental e inspiradora, necesaria de ser compartida con toda Colombia en este momento.

Ha Joon Chang

En 1.915 un consultor australiano redactó el siguiente diagnóstico sobre una visita a una fábrica de un tercer país, en su misión de encontrar territorios en donde expandir fábricas de su nación. Su concepto conectará con la visión que tienen algunos coterráneos de Petro sobre sus connacionales.

Mi impresión con respecto a su mano de obra barata se desilusionó enseguida cuando vi trabajar a su gente. No hay duda de que se les paga poco; pero su rendimiento es igualmente bajo. Ver trabajar a sus hombres me hizo pensar que son ustedes una raza muy acomodadiza y conformista que reconoce que el tiempo no es un objetivo. Cuando hablé con uno de los gerentes me informaron que era imposible cambiar el legado nacional.

El análisis del consultor era certero y ajustado a la realidad de la época. El concepto permitía, además, descifrar por qué ese país era uno sufriendo con la desgracia de la pobreza. La esperanza nace en cualquiera al enterarse de que el pueblo al que él hacía mención era Japón, hoy la tercera economía del globo, una potencia obsesionada con la productividad y un linaje conquistando los más altos grados de civilidad en la modernidad. El título del capítulo del escrito en donde se haya tan ilustrativa anécdota es diciente como clara la mañana: «Japoneses perezosos y alemanes ladrones. ¿Son algunas culturas incapaces de desarrollarse económicamente?»

Gustavo Petro Urrego

La razón de ser del título se complementa al leer las descripciones sobre los alemanes realizadas por aquellos días y, de nuevo, son unas muy apegadas a las creencias que sobre sí mismos abundan en las mentes de la gran mayoría de los colombianos de la actualidad…

Los alemanes eran considerados como demasiado individualistas e incapaces de cooperar entre ellos. La incapacidad de los germanos para cooperar se manifestaba más visiblemente, en opinión de los británicos, en la mala calidad y el escaso mantenimiento de sus infraestructuras públicas, que eran tan deficientes que John McPherson, virrey de la India, escribió: Encontré las carreteras de Alemania tan mal que dirigí mis pasos hasta Italia.

En distinto aparte se lee un punto de conexión más sensible entre la Alemania del pasado y el presente de Colombia

Los viajeros británicos de principios del siglo XIX también consideraban a los alemanes poco honrados. «El repartidor y el tendero se aprovechan de uno siempre que pueden. Esta bellaquería es universal.»

Rafel Correa

Las páginas por Chang escritas contienen un objetivo fácilmente reconocible y por él totalmente comprobado: demostrar que ningún país está condenando a la pobreza, al atraso tecnológico, a la desindustrialización. Si existe el convencimiento en tan certera premisa, la pregunta para el electorado en este momento es: ¿será la presidencia de Gustavo Petro la transición hacia el tan anhelado desarrollo? La respuesta se halla como un tesoro al final del arcoíris, al que se llega después de indagar con minucia en lo prometido por él y su coequipera, la señora Francia Márquez, candidata a la Vicepresidencia.

El cimiento sosteniendo todo el ideario de Gustavo Petro es su visión de «transitar hacía una economía productiva«. Pero esa frase, tan amplía, abarca a los dos grandes espectros de la política. El neoliberalismo por Virgilio Barco iniciado y por César Gaviria implementado, continuado en gran medida por sus sucesores, prometían alcanzar idéntico ideal. Pero sí sus opositores han visto en la inversión extranjera, la seguridad jurídica para el capital, la deuda externa, la inserción en la globalización y la flexibilización laboral los ingredientes de la fórmula mágica, Petro encuentra en la educación y la salud los elementos determinantes para hacer avanzar la economía del país.

Gustavo Petro Urrego

Una idea se comienza a deshilvanar: para el líder del Pacto Histórico (movimiento político con el que Petro aspira a conquistar la presidencia) la educación y la salud pública son una inversión con réditos a futuro recuperables para la nación. Juan Carlos Monedero, el gran ideólogo de Unidas Podemos en España, clava una daga al corazón del cuerpo ideológico neoliberal al dictaminar que los ahorros por los gobiernos realizados en educación pública, se terminan extinguiendo en ingentes gastos futuros en seguridad y justicia. El análisis es sencillo: se puede lidiar con aquellos que nacen en la miseria de dos formas: con escuelas, maestros y libros; o con policias, cárceles y sentencias. No hay ahorro monetario en ningún caso, pero el primer paradigma produce ciudadanos civilizados y productivos, el segundo fomenta la criminalidad.

Una apreciación se hace necesaria, aunque sea una ya acá expuesta. Ralla en la más patética simpleza acusar a los pobres de criminales; pero también en la máxima ingenuidad no saber que para el crimen organizado es mucho más sencillo tentar con ser sus esbirros a jóvenes debatiéndose entre un futuro incierto y un presente doloroso. La mafia se alimenta de la pobreza. Una poderosa política pública de educación gratuita y de calidad es más efectiva en entregar seguridad a la ciudadanía que un ejército tomándose las calles, porque para los niños y adolescentes es mucho más tentador los bienes públicos que las ofertas del criminal. En ese escenario, las asociaciones al margen de la ley encuentran cada vez más difícil reclutar jóvenes como mano de obra, efectuando un debilitamiento de las mafias y consiguiendo que los golpes de la fuerza pública contraigan éxitos letales a esas estructuras. Es por eso que la Bogotá Humana (título con el que se denominó el periodo de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá) se puede vanagloriar de sus éxitos en la seguridad ciudadana.

Juan Carlos Monedero

«No hay mejor inversión en seguridad que el desarrollo económico», promete Rafael Correa en una famosa entrevista hecha para un canal mexicano. Y en una sociedad segura y educada, brotan polos masivos de riqueza y cultura. Para Petro, las lecciones sobre el tema educativo del ex mandamás del Banco Mundial, Paul Romer, son ciertas. Y para el alto ejecutivo la importancia del saber radica en su irradiación a lo largo y ancho de la sociedad. George Bernard Shaw lo explicó con la sencillez que solo les pertenece a los más brillantes: «Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana e intercambiamos las manzanas, entonces tanto tú como yo seguiremos teniendo una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea e intercambiamos ideas, entonces ambos tendremos dos ideas».

Para Occidente, el ideal de educación fue una sociedad piramidal, con una élite permitiéndose acceder a los más altos grados del saber y una base limitada en sus posibilidades de aprendizaje; mientras que, de una lección de Mao, la visión china fue hacer crecer a su sociedad como un rectángulo, con todos en una base desde la cual suben igualitariamente, perfecta metáfora de equidad representada en la figura geométrica. Los resultados saltan a la vista de cualquiera: en días en que los Estados Unidos afronta la posibilidad real de convertirse en un Estado Fallido, China se prepara para tomar el lugar de privilegio en la economía global. Petro, claramente, comparte la perspectiva de los orientales sobre la materia.

Gustavo Petro Urrego

La apuesta del candidato por la educación, además de muy sustentada, es una de aplicación necesaria e inmediata para el futuro de la nación. El fracaso del modelo económico vigente en América Latina, el neoliberalismo, sobrevive apenas por la existencia de una fuente de ingresos algo mezquina: las remesas de sus emigrantes. Aquellos expulsados por la falta de oportunidades en su tierra, se han convertido en los salvadores, con su esfuerzo en otras latitudes, del modelo económico que los forzó a abandonar su tierra. Siendo solo un paliativo, este flujo ha conseguido el oxígeno necesario para evitar el colapso total. Pero es evidente que el futuro de la inteligencia artificial pone en riesgo esa fuente de divisas y la población colombiana actual, en su gran mayoría, no está preparada para ello.

Se le debe otorgar toda la razón al político cuándo promulga por la construcción inmediata de una «economía del saber», del conocimiento, no solo por su mayor rentabilidad, sino por la velocidad en que se está transformando ella en una apremiante necesidad. La vida como meseros, conductores de autos, trabajadores del campo o en la construcción en los países autodenominados desarrollados, la fuente de la que más brotan remesas hacía América Latina, tiene sus días contados por los avances presentados en la inteligencia artificial: autos manejándose solos, restaurantes atendidos por robots, camiones inteligentes recogiendo las cosechas… El futuro no producirá menos laburos, nunca ha sido así a través de la historia; pero sí será cierto que para acceder a los nuevos puestos se requerirá de altos grados de educación.

Francia Márquez

Una nación saludable y educada con altos estándares evoluciona hacía la productividad por lo obvio: sus servicios medicos, legales, financieros… alcanzan altas cuotas de calidad; sus infraestructuras son más avanzadas y menos costosas; sus procesos productivos más de vanguardia; su oferta de bienes y servicios más sofisticada; sus elecciones políticas más razonadas; y, tal vez más relevante, su visión del cuidado medio ambiental es más elaborada. Ahí radica el otro gran punto de debate del modelo de desarrollo propuesto por Gustavo Petro: la transición energética hacia una matriz sustentada en las renovables: solar y eólica principalmente. La algidez se alcanza al insistir él en su idea de detener la exploración petrolera y carbonera, pues acusan sus detractores, se le negará a Colombia una considerable cantidad de divisas.

Las sociedades atrasadas lo son porque tan solo observan como otras hacen los cambios que ellas tardíamente implementarán. Colombia, liderada por una casta inepta y cleptómana, siempre se rehusó a luchar por la legalización de las drogas y ahora ve, desde el mayor de los patetismos, cómo Estados Unidos establece una industria portentosa de la marihuana y cómo los capitales canadienses explotan su propio terreno sembrando miles de hectares con la antigua «mata maldita». La industria de las energías fósiles viene un lento pero indetenible proceso de soterramiento. Los avances en las tecnologías limpias y su exponencial caída en los costos hacen de su establecimiento como las principales mera cuestión de tiempo. Colombia tiene todo para convertirse en un pionero y potencia en esta industria y es en ese horizonte donde descansa la visión de Gustavo Petro.

Gustavo Petro Urrego

Para China y la Unión Europea sus futuros se moverán impulsados por la fuerza de las energías renovables. La lógica domina la primera de las razones para haber tomado esa decisión: la obligatoria descontaminación de la tierra para conseguir la sobrevivencia de todas las especies vivas del planeta. La segunda, menos importante, requiere mayor explicación: una inversión económica estratégica. «Las energías renovables tienden a un costo cero», aleccionó el líder de la Colombia Humana en uno de sus discursos. Y sí, así es. Una vez establecidos los paneles o los molinos, es solo dejar que la naturaleza en asocio con la tecnología produzca el milagro de la energía y la amortización de la inversión.

El país oriental y la región occidental tendrán, en cuestión de décadas, un aparato productivo cuyo costo energético a asumir será cero. ¿Qué economía, atada a las costosas energías fósiles, podrá competir con ellos? El análisis de Petro sobre Colombia proyecta un escenario igual de ambicioso y prometedor. Acorde a sus cifras, el consumo entero de la nación es de 16 megas y, a la par, el potencial energético solar de La Guajira, un solo departamento de 32, es de 40 megas. La ubicación geográfica privilegiada del territorio le otorgaría en pocas décadas una fuente energética cuyo costo tiende a ser ninguno, elevando su aparato productivo a uno competitivo a nivel global.

Gustavo Petro Urrego

El terror causado por la propuesta de Petro enfocada en abandonar la industria de los hidrocarburos y la minería nace al proyectar la pérdida de divisas generada por el sector minero energético. Tiene él una respuesta a eso: las divisas hoy recibidas son el remanente de un negocio otrora inmenso, pero a futuro cadavérico. De 40.000 millones de dólares conseguidos en 2014 se ha pasado a 13.000 millones en 2021, una abrupta caída en las ventas sufrida las nuevas dinámicas de la economía global. La tendencia es marcada y muy seguramente irreversible. Se puede dar una razón adicional al plan presentado: el costo de oportunidad. Se entiende ese concepto en economía como la pérdida sufrida por el uso de otra cosa. Si un ciudadano cuenta con recursos limitados para estudiar una sola carrera universitaria de dos que desea ejercer, la que escoja será el costo de oportunidad de la otra. Podrá ser doctor, pero no biólogo marino, por dar un ejemplo mundano. El costo de oportunidad de la industria minera y petrolera, esto más que comprobado, es la industria nacional.

«El estiércol del diablo», como bautizaron al petróleo, o el carbón, producen divisas en las economías y el efecto inmediato es un aumento de las importaciones con su corolario inevitable: la destrucción de la producción local. Ergo, un análisis certero sobre el sector petrolero debería restar a las divisas por él conseguidas, el costo de las importaciones de bienes ya no producidos a nivel nacional. De efectuar tal operación, el resultado evidenciaría que para Colombia el haberse transformado en exportador del sector minero energético ha sido un desastre, uno representado en dos grandes cifras: la deuda externa y el déficit en la balanza de pagos. En una frase: las divisas producidas por el petróleo y el carbón, no alcanzan para comprar en el exterior lo que el país ha dejado de producir.

Gustavo Petro Urrego

Como cierre, es de relevancia mayor el saber que la eliminación de la polución es descomunalmente importante por otros motivos. El primero, la disminución de la fertilidad en los hombres y, un segundo, porque «cada vez somos menos inteligentes y una de las causas es la contaminación». Por ella se afecta «a las hormonas tiroideas, quienes tienen un papel fundamental en las conexiones entre neuronas». Una inversión masiva en educación pública no tendrá efecto positivo alguno para la nación, si se aplica en unos cerebros destruidos por la contaminación.

El plan de Petro para adquirir divisas vía exportaciones se centra en desarrollar una industria del cannabis y otra del turismo. Sobre la primera queda poco por agregar: es rentable; pero sobre la segunda se debe explorar una oportunidad fascinante. En ningún lado del mundo el turismo ha servido como motor de desarrollo de las naciones. La razón es que la política no ha venido acompañada de una fuerte política industrial. Así, un ciudadano de Nueva York que aterriza en Bogotá lo hace volando en una empresa brasileña, se hospeda en un hotel estadounidense y bebe tragos europeos. Como resultado queda que la divisa conseguida vía turismo sale del país vía repatriación de utilidades empresariales. Al Petro proponer una transición productiva, basada en el conocimiento y organizada para recibir masas de turistas internacionales, puede estar elaborándose un poderoso renglón de la economía, uno lo suficientemente fuerte para impulsar el desarrollo y desatar una verdadera revolución.

Gustavo Petro Urrego

La desgracia actual de Colombia, su criminalidad desbordada, la violencia desatada, la corrupción encumbrada, no es producto de cuatro años de Iván Duque Márquez como el peor presidente de la República; sino el capítulo final de una obra de terror de cuarenta años llamada neoliberalismo. Y así como el amanecer comienza a brillar justo después del momento más oscuro de la noche, parece que esa larga y fría pesadilla va alcanzando la última etapa del sueño antes del abrupto despertar. Un sueño que mantuvo a una nación aletargada frente a los horrores de su sistema político y económico, pero una que encontró ya su punto de no retorno y está decidida a encarar las circunstancias cambiantes, las injusticias alarmantes y el futuro desesperante. Esa nación hoy grita «basta» y reclama la dignidad que por tanto tiempo le ha sido negada. Y un pueblo que ha acarreado tantas tristezas y dolores, que ha ahogado tantos llantos de inocentes en el más triste de los silencios, se hace merecedora del derecho a soñar, de esperanzarse, de conseguir una transformación histórica en nombre de Gustavo Petro.

Pero los líderes son tan grandes como los pueblos que los eligen y controlan. Al posesionar a Franklin Delano Roosevelt como presidente de los Estados Unidos, los poderosos líderes sindicales solicitaron con el nuevo mandatario una visita en la oficina oval. Frente al hombre más poderoso de su país y conocedores de su condición de oligarca, los representantes de los trabajadores, la base electoral que le otorgó el triunfo, no tuvieron pelos en la lengua a la hora de exigir. Se cuenta que frente a sus demandas para que cumpliera sus promesas de campaña, la futura leyenda política respondería con una de esas geniales palabras que son reservada para aquellos a llenar páginas de la historia: «oblíguenme«, les dijo él. Las ciudadanías libres no solo deben llevar a Gustavo Petro a la presidencia, una misión que se vislumbra hoy muy cercana, deben forzarlo a cumplir lo pactado. Roosevelt lo explicó con claridad: ellos, mi clase social, me presionara todos los días para que los traicione, ¿qué van a ser ustedes? El tipo de respuesta definirá si el gobierno de Gustavo Petro se consolida en una transición al desarrollo o en otro sueño frustrado.

Y un pueblo que ha acarreado tantas tristezas y dolores, se hace merecedor del derecho a soñar, de esperanzarse, de conseguir una transformación histórica en nombre de Gustavo Petro.

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6 respuestas a «Gustavo Petro: ¿terror, esperanza o revolución?»

  1. Avatar de Geovanny Hoyos
    Geovanny Hoyos

    Que gran articulo!
    Los saberes, el conocimiento, la educacion universal, tienen que ser los pilares de una revolucion progresista.

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    1. Avatar de Andrés Arellano Báez.
      Andrés Arellano Báez.

      Millón de gracias. Lo que nos alegra tu comentario.

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    2. Avatar de María Elenilce Cantillo Sajonero
      María Elenilce Cantillo Sajonero

      Maria Elenilce Cantillo Sajonero,
      Me gusta todo el contenido del texto y el tema tratado, por Geovanny Hoyos,con respeto a las propuestas del doctor PETRO. Gracias por su amable atención para éste Pueblo sufrido y que queremos el cambio, que beneficie a mis compatriotas.Okey.

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      1. Avatar de Andrés Arellano Báez.
        Andrés Arellano Báez.

        Gracias a ti por la lectura

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  2. Avatar de Germán Bueno
    Germán Bueno

    Este análisis me ayuda a comprender el porqué de lasmpropiestas de Petro y por qué siendo de corre liberal, tienen tan aterrados a los gobernantes y clanes retrógrados y guerreristas de Colombia.

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