¿Quién se robó el sueño americano?

Los latinoamericanos han sabido hacer una broma de un tratado político. Según los naturales a esas tierras, “en los Estados Unidos los golpes de Estado no se habían presentado porque ese país no ha tenido jamás en su territorio una embajada de los Estados Unidos”. La lista de interrupciones de los procesos democráticos en países al sur del imperio norteamericano es tan extensa como espantosa y constante. La participación de los gringos en estos crímenes contra la democracia es una regular. El término, dicho sea de paso, proviene de una histórica y diciente expresión usada por indígenas mexicanos quienes refiriéndose al color verde de los uniformes de los invasores militares estadounidenses les reclamaban: “green, go”, durante la Guerra Mexicano-Estadounidense.

Pero la broma por poco habría de finalizar ese 6 de enero cuando un grupo de ciudadanos se rebelaron contra el proceso democrático de su país buscando impedir la próxima posesión de un presidente electo por los votos. Seguidores ofuscados de Donald Trump, envalentonados por el discurso de su líder, desataron un breve caos institucional y, por un corto periodo de tiempo, enterraron la democracia en el país más poderoso de América. Aunque sea una “ilusión de democracia”, parafraseando al lúcido comediante George Carlin, la habida en el coloso del norte no deja de ser una y el asalto al capitolio fue su momento más bajo. Pero aunque terrible, la situación no fue una excepcional. Tan es así que no pareció a nadie sorprender. Y es que el proceso de desintegración en los Estados Unidos es de larga data y la manifestación del principio de 2021 no es más que la estaca en el corazón a la organización política de esa nación, a la que desde ese día se puede denominar oficialmente lo que desde hace un tiempo para muchos de sus habitantes ha venido siendo: un “Estado Fallido”.

Donald Trump.
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¿Por qué todos estamos peligrosamente endeudados?

La historia es siempre en donde se encuentran las explicaciones a las grandes dudas. El contexto hace comprensible todo. Es por eso que ella es la madre de las ciencias sociales. Y algo tan aberrante, como son las tasas de endeudamiento de la población en general hoy, no es un hecho baladí y si uno merecedor de un análisis histórico. Para los científicos sociales, lo único relevante de estudio el promedio, las tendencias generales, los patrones de comportamiento común. El hecho de que una gran mayoría de la población se halle endeudada, explaya que hay elementos macro que deben explicar su porqué y que las respuestas encontradas en el comportamiento micro son insuficientes. Se puede explicar de otra forma: no es culpa, en términos generales, de cada individuo su aberrante situación crediticia y, sí, por oposición, se debe indagar las respuestas en el modelo de sociedad.

En los años siguientes a 1945, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) estaba en la cima: el nulo impacto recibido por la Gran Depresión y su triunfo militar frente a las fuerzas del nazismo lo elevaban entre las diferentes naciones como una valiosa y envidiable. La Conferencia de Postdam (la última de las “Conferencia entre Los Tres Grandes”), a efectuarse con los Estados Unidos, Inglaterra y la propia U.R.S.S., escenificaba su posición de privilegio en el concierto mundial. El impacto geopolítico y, sobre todo, económico de tal realidad no era diminuto: las sociedades occidentales temían la expansión de los valores comunistas en su propio territorio, porque como lo referenció Eric Hobsbawm en su “Historia del Siglo XX”, el comunismo cobijaba a 1/3 de la población mundial.

Iósif Stalin, Franklin Delano Roosevelt y Winston Churchill
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¿Por qué el mundo no le teme más al comunismo?

“El éxito económico del siglo XXI es la China; y el éxito económico del siglo XX fue la Unión Soviética“. La frase fue dicha en medio de una conferencia. Su autor es un hombre con unos honores absolutamente incontestables: Yale, Harvard y Stanford son las universidades donde consiguió sus títulos de pregrado, maestría y doctorado, en distintas ramas de la economía, incluida la de historiador del área. Richard D. Wolff es su nombre y los títulos de sus libros, “Understanding Marxism” (Comprendiendo el Marxismo) y “Understanding Socialism” (Comprendiendo el Socialismo), además de dicientes, son parte esencial de una vida académica con profundo impacto en sus compatriotas, una carrera que, sin miedo a equivocarse, se puede argumentar está cambiando por completo la historia de ese país.

Los días aciagos posteriores a la crisis de 2007 en los Estados Unidos y Europa produjeron un renacimiento del interés por las ideas de Karl Marx. “Los jóvenes se acercan (al ideario marxista) de forma abierta, desprejuiciada, con curiosidad”, comentaba para su entrevista en el canal Deutsche Welle (DW) la directora del museo Karl-Marx-Haus, Beatrix Bouvier, en Alemania, en 2007. La intriga llevaría a lo impensable: en 2015, Penguin Random House declaraba que un lanzamiento especial de una colección de bolsillo con varias obras clásicas había sido un éxito absoluto e impredecible, siendo el principal responsable de sus notorias ventas “El Manifiesto Comunista” de Friedrich Engels y Karl Marx. Pero, tal vez, el hecho más poderoso y capaz de explicar lo que ha sido el renacimiento del histórico autor sea la conversión de figura marginal a estrella mediática y académica en los Estados Unidos de un profesor como Richard Wolff, quien sin miedo a represalias alguna se declara a sí mismo como “marxista”. Hasta FOX News ha ido él a ser entrevistado.

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